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"Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón......". (Mateo 5:27-28)
Jesús fue mas allá de lo que decía la ley de Moisés que Dios le dio solo a los Judíos y no a las demás naciones, fue un pacto exclusivo entre Israel y Jehova.
La ley dice no cometer adulterio, y Jesús dijo que solo mirando con el deseo es cometer adulterio en su corazón, así que no se puede mirar a una mujer de esa forma, pues cometer adulterio en el corazón viene antes de cometer adulterio en la carne.
Aquí no somos Judíos, no estamos bajos las leyes Judías eso quedo abolido como todos los mandamientos de la ley que se resumen en dos, y los apóstoles mandaron a tratar a sus esposas como a su misma carne.
“Esposas, estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas, por haber sido ellos testigos oculares de su conducta casta junto con profundo respeto” (1 Ped. 3:1, 2).
3 De igual manera, ustedes, esposas, estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de [sus] esposas,
1 Pedro 3:1
En Proverbios 31 se describe el trabajo y la felicidad de la esposa fiel. Se dice que es de más valor que los corales para su esposo.
La norma en la congregación cristiana es que cada hombre casado tenga solo una esposa. (1Co 7:2; 1Ti 3:2.)
A las esposas se les ordena que estén en sujeción a sus esposos, tanto si ellos son creyentes como si no. (Ef 5:22-24.)
Las esposas no deben negar a su cónyuge el débito conyugal, pues, como en el caso del esposo, la esposa tampoco “ejerce autoridad sobre su propio cuerpo”. (1Co 7:3,4.)
A las esposas se les aconseja que su principal adorno sea la persona secreta del corazón y que produzcan el fruto del espíritu, a fin de que por medio de su conducta el esposo incrédulo pueda ser atraído al cristianismo. (1Pe 3:1-6.)
A las esposas se les ordena que estén en sujeción a sus esposos, tanto si ellos son creyentes como si no. (Ef 5:22-24.)
Las esposas no deben negar a su cónyuge el débito conyugal, pues, como en el caso del esposo, la esposa tampoco “ejerce autoridad sobre su propio cuerpo”. (1Co 7:3, 4.)
A las esposas se les aconseja que su principal adorno sea la persona secreta del corazón y que produzcan el fruto del espíritu, a fin de que por medio de su conducta el esposo incrédulo pueda ser atraído al cristianismo. (1Pe 3:1-6.)
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