[EL DIOS EMOTIVO, comentario 74]
Un examen minucioso y detenido de la etología (estudio científico del carácter y modos de comportamiento) del ser humano (individual y colectivo) arroja la inquietante y sorprendente observación de que las contradicciones o incoherencias en la dinámica psicofísica de sus tomas de decisiones son extremadamente numerosas en comparación con los otros seres vivientes terrestres (animales y vegetales). Esto debe ser indicativo de algo, es decir, algo que cristaliza bajo la forma de menoscabo severo del equilibrio comportamental humano. Por eso, a diferencia de los otros géneros de vida del planeta, sólo el hombre, y la sociedad humana de él derivada, ha llegado al punto de poner en grave peligro a la biosfera. Pues bien, todo esto parece señalar que el relato del Génesis acerca de la emancipación voluntaria de la primera pareja humana con respecto a la guía del Creador y la subsiguiente pérdida del equilibrio psicosomático antrópico (uno de cuyos síntomas relevantes sería la citada incoherencia comportamental) están en relación de causa-efecto; una relación con aparentes secuelas hereditarias, responsables de la marcha progresivamente degenerativa de la humanidad.