[EL DIOS EMOTIVO, comentario 49]
Pues bien, parece que la censura impuesta al desarrollo científico por algunas autoridades religiosas, en el nombre de Dios y según el punto de vista de sus credos teológicos y no desde la óptica de las máximas o principios que rezuman de la Biblia, ha sido muy contraproducente y una prueba de ello la tenemos en la actual situación de desencuentro entre la ciencia y la religión. Un breve examen de lo que ocurrió en Babel, según el Génesis, nos permitirá percatarnos del error teológico a este respecto. El relato sagrado dice: «Era entonces toda la tierra una lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que, cuando partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Sinar, y se asentaron allí. Y dijeron los unos a los otros: “Dad acá, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego”. Y les fue el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. Y dijeron: “Dad acá, edifiquémonos ciudad, y torre, que tenga la cabeza en el cielo; y hagámonos nombrados (o famosos), por ventura (de que si no lo hacemos) nos esparciremos sobre la faz de toda la tierra”. Y descendió el SEÑOR para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. Y dijo el SEÑOR: “He aquí (que) el pueblo es uno, y todos éstos tienen un (único) lenguaje; y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de efectuar todo lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero”. Así los esparció el SEÑOR de allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad”. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló el SEÑOR el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la faz de toda la tierra» (Génesis, capítulo 11, versículos 1 a 9; Biblia de Reina-Valera; con añadiduras adicionales entre paréntesis para cubrir la deficiencia del traductor respecto a facilitar la comprensión del pasaje).