En las Escrituras se llama a Jesús “un dios”, hasta “Dios Poderoso”
(Juan 1:1; Isa. 9:6).

Pero en ninguna parte se dice que él sea Todopoderoso, como lo es Jehová (Gén. 17:1).

Se dice que Jesús es “el reflejo de su gloria [la de Dios]”, pero el Padre es la Fuente de esa gloria (Heb. 1:3).

Jesús de ningún modo procura la posición de su Padre. Dijo: “Es a Jehová tu Dios que tienes que adorar, y es a él solo que tienes que rendir servicio sagrado” (Luc. 4:8).

Existe “en la forma de Dios”, y el Padre ha mandado que “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla”, pero todo esto se hace “para la gloria de Dios el Padre”. (Fili. 2:5-11;