Pero el empeño racionalista jonio no estaba exento de riesgos, aunque diera la impresión primaria de contribuir a la emancipación liberadora de la mente humana. Un efecto negativo imprevisto fue el apartar al investigador de su Creador, contribuyendo al desarrollo del materialismo científico, el cual, en su estadio histórico contemporáneo, ha dado a luz al paradigma evolutivo materialista y a la hipótesis criteriológica fundamental de la Metaevolución, que tienden a capturar dogmáticamente todo el pensamiento del hombre del siglo XXI y a sumergirlo en un despropósito existencial contraproducente. El libro COSMOS, de Carl Sagan, en su página 174, expone: «Hace 2500 años, hubo en Jonia un glorioso despertar: se produjo en Samos y en las demás colonias griegas cercanas que crecieron entre las islas y ensenadas del activo mar Egeo oriental. Aparecieron de repente personas que creían que todo estaba hecho de átomos; que los seres humanos y los demás animales procedían de formas más simples; que las enfermedades no eran causadas por demonios o por dioses; que la Tierra no era más que un planeta que giraba alrededor del Sol. Y que las estrellas estaban muy lejos de nosotros» (Se insinúa cómo comenzó a fraguarse la doctrina que culminaría en el evolucionismo moderno).