Tengo que decirte que te admiro por osado, emprendedor y valiente, y que pocas personas se atreven a dar el paso que tú has dado y que prefieren pasarse la vida lamentándose de su pésima suerte y bla, bla, bal.
A pesar de las bromas que nos gastemos aquí, te felicito por tu coraje y por tu valentía. Seguramente ese impulso que tienes ante las dificultades hará que de aquí a poco que ese tiempo tuyo sea tan bien pagado que no te compense gastarlo poniendo ladrillos.
