Las leyes del viejo testamento que mandaban "ojo por ojo y diente por diente", apedrear a las mujeres acusadas de adulterio o a los hijos desobedientes o a los hombres que recogían leña en día reposo, y que mandaban guerras contra los enemigos, genocidios (matar a hombres, mujeres y niños), esclavitud y muchos sacrificios..., no fueron realmente dadas por Dios sino que eran preceptos de hombres que en las escrituras fueron atribuidos a Dios, por eso fueron abolidas por Jesucristo.