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En el ámbito familiar, cada uno de sus integrantes debe tener un papel específico, electo consensualmente y con atención a las necesidades e intereses particulares de cada unidad, constituyendo entre todos una organización modular. Sin que esto signifique que dichos papeles deban limitar en ningún sentido el desarrollo integral de los agentes. Pensando en una familia "tradicional", la mujer tiende a satisfacer las tareas domésticas, y eso posibilita al hombre, con quien comparte solidariamente las obligaciones familiares, de salir a trabajar para llevar dinero a la casa. De otro modo, al hombre le sería, o muy difícil, o muy caro resolver de forma paralela ambos asuntos; de igual manera, a la mujer le sería imposible dedicarse por completo al hogar sin esos ingresos, y, de tener que hacerlo, que ha quedado fehacientemente demostrado que sabe hacerlo muy bien, se vería inmersa en una rutina mucho más demandante. Así pues, ambos forman un equipo, y ambos tienen derecho a esos ingresos económicos que, en apariencia, sólo devenga el hombre. No se trata de que el varón, abusando de la "naturaleza femenina", de su amorosa disposición de entregarse "gratuita e incondicionalmente", aparte a la mujer de la participación económica a la que tiene derecho. Participación que no sólo debe exhibirse en especie y prestaciones, sino también en efectivo y dominio del patrimonio familiar.
Ahora bien, si la mujer, que es de quien estamos hablando, decidiera, además de las tareas domésticas, desarrollarse académica o profesionalmente, o en cualquier otro sentido, y, por tanto, requiriera del hombre una colaboración más extensa, a fin de cumplir sus metas favorablemente, éste debe hacer lo posible por concederle ese privilegio. Jamás debería negarle arbitrariamente la posibilidad de desarrollarse, y mucho menos con motivo de género.
Las cosas se facilitan cuando los hijos son mayores y pueden delegarse en ellos ciertas responsabilidades.
El dinero facilita la vida. Es algo difícil de aceptar, pero no por eso es menos cierto. Donde hay dinero, hay más holgura para el ejercicio y desarrollo de las capacidades.
El feminismo reclama, entre otros, la restitución de estos ideales.
Voy a hacer una pregunta que me gustaría me contestasen con suma honestidad: ¿Qué tan grande debe ser el sacrificio de la relación con los hijos, en aras de asegurarles un futuro económico bien cimentado y próspero? ¿Hasta qué punto, siendo mujer u hombre, debe sacrificarse el desarrollo personal por la familia?
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