No sólo al derecho privado, sino a las leyes en general. Lo que no está prohibido es, por consecuencia, permitido. Las leyes no atienden a moral ninguna, pero tampoco atentan contra ellas. Tendría que haber leyes para cada módulo o convención moral, las relaciones entre gobernados serían caóticas; lo que es justo para uno, sería injusto para el otro.





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