Si la Prostituta es Jerusalén y la Bestia es Roma (con los diez cuernos como estados vasallos), entonces la profecía tiene perfecto sentido. La alianza entre ambos en la persecución de los cristianos se rompió en 66–70 d.C., cuando Roma y sus aliados conquistaron Israel y luego destruyeron, saquearon y quemaron Jerusalén, exactamente como había profetizado Jesús (Lucas 21:5–24).
Cuando la Prostituta cae leemos:
“ ‘¡Alégrate por ella, cielo, y también vosotros los santos, apóstoles y profetas, porque al condenarla a ella, Dios ha vengado vuestra causa!’... En ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos, y de todos los que fueron sacrificados en la tierra” (18:20, 24).
Esto muestra que la Prostituta persiguió no solo a cristianos, sino a apóstoles y profetas. Los apóstoles existieron solo en el siglo primero, dado que uno de los requisitos para ser apóstoles era haber visto al Cristo resucitado (1 Cor. 9:1). Los profetas existieron como grupo solo en el Antiguo Testamento y* en el siglo primero (Hechos 11:27–28, 13:1, 15:32, 21:10).
Dado que la Prostituta persiguió a apóstoles y profetas, la Prostituta debe haber existido en el siglo primero. Esto destruye completamente la pretensión de que la Roma cristiana o la Ciudad del Vaticano son la Prostituta. Roma no era entonces una ciudad cristiana y la Ciudad del Vaticano ni siquiera existía, así que ninguno de ellos podría ser la Prostituta. Además, los fundamentalistas afirman continuamente (aunque erróneamente) que el mismo catolicismo no existía en el siglo primero, ¡lo cual quiere decir que si nos basamos en su propio argumento *el catolicismo no podría ser la Prostituta!.





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