Imaginad una Tierra sin Luna y con el eje inclinado de forma que los polos esté uno apuntando al sol y el otro a la sombra. El hemisferio norte achicharrado y siempre soleado, y el sur, a oscuras y completamente congelado
Si no hubiera luna, perderíamos estabilidad y en lugar de conservar nuestros 23 grados de inclinación, fluctuarían de 0 a 90 sin control, los polos no se quedarían estáticos y tendríamos muchos problemas con los constantes cambios del clima.