La salvación que Dios ofrece abre el camino a dos destinos: el cielo y la Tierra. Este hecho se refleja en una visión del apóstol Juan en la que contempló reyes que estaban sentados en tronos celestiales y que habían sido elegidos de entre los discípulos fieles de Jesús. La Biblia especifica que estos “han de reinar sobre la tierra” junto con Cristo (Revelación 5:9, 10). Observe que el cumplimiento del propósito de Dios tiene dos facetas: un Reino celestial en manos de Jesucristo y los reyes que lo acompañan, y una Tierra restaurada sobre la que ellos gobernarán. Como vemos, Jehová ha hecho todos estos preparativos para que la Tierra se convierta finalmente en el Paraíso que se había propuesto.
La respuesta la hallamos en una visión que tuvo el apóstol Juan: “Vi a la bestia salvaje [el sistema político mundial] y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer la guerra contra [Jesús,] el que iba sentado en el caballo[,] y contra su ejército” (Revelación 19:19). ¿Cuál será el desenlace para “los reyes de la tierra”? La Biblia indica que el Rey ungido de Jehová los quebrará y hará añicos “con cetro de hierro, como si fueran vaso de alfarero” (Salmo 2:9). Así es, el Reino de Dios reducirá a polvo el sistema político mundial: “triturará y pondrá fin a todos estos reinos [humanos], y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44).
Dios hizo Rey a Jesús en los cielos en 1914, exactamente 2.520 años después de la destrucción de Jerusalén. Su primera medida como Rey fue expulsar del cielo a Satanás y los demonios (Revelación 12:7-10). Los seres humanos no pudieron ver este suceso, pero sí han visto las consecuencias que ha tenido para la Tierra (Revelación 12:12). Diversos acontecimientos que han ocurrido a partir de 1914 confirman que Jesús empezó a gobernar en ese año. (Lea Mateo 24:14 y Lucas 21:10, 11, 31.)
¿Qué son esos nuevos cielos? En la Biblia hallamos dos pistas. La primera la dan dos escritores bíblicos que también mencionan esta expresión. En ambos casos, los nuevos cielos se relacionan con grandes cambios en la Tierra (2 Pedro 3:13; Revelación [Apocalipsis] 21:1-4). La segunda pista tiene que ver con el término cielos, que en la Biblia puede representar reinos o gobiernos (Isaías 14:4, 12; Daniel 4:25, 26). De modo que los nuevos cielos son un nuevo gobierno capaz de establecer una sociedad justa. Solo hay un gobierno que puede hacer algo así: el Reino de Dios. Jesús enseñó a sus discípulos a pedir en oración ese gobierno celestial, el cual logrará que la justa voluntad de Dios se cumpla en toda la Tierra (Mateo 6:9, 10).
¿Qué es la nueva tierra? Examinemos dos detalles que nos llevan a la conclusión correcta. Para empezar, cuando la Biblia utiliza el término tierra, a veces se refiere a la gente, no al planeta (Salmo 96:1; Génesis 11:1). Además, las Escrituras predicen que bajo el Reino de Dios, todos aprenderán a ser justos y reinará la justicia (Isaías 26:9). La nueva tierra, por tanto, se refiere a una sociedad formada por personas que aceptan el gobierno de Dios y obedecen sus justas normas.
¿Se va dando cuenta de cómo Jehová eliminará la causa de los malos recuerdos? Dentro de poco cumplirá su palabra de implantar unos nuevos cielos y una nueva tierra. Así establecerá un mundo nuevo y justo.* Entonces, todo lo que provoca los malos recuerdos —el sufrimiento físico, mental o emocional— quedará en el pasado. Las personas fieles a Dios disfrutarán plenamente de la vida, y no pasará un solo día sin que atesoren nuevos y entrañables recuerdos.
¿Y qué hay en cuanto a los amargos recuerdos que quizá nos inquietan ahora? La promesa que Jehová hizo mediante Isaías también asegura que “las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón”. Prescindiendo de las experiencias desagradables que hayamos vivido en este viejo mundo, las iremos olvidando gradualmente.





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