EL ESPÌRITU QUE VOLVIÒ


Termino aquì, estimado T. E. , mi explicación de què es lo que sucede después de la muerte. ¡Eso sì! Vuelvo a aclararte. No a todos nos sucede exactamente lo mismo. Hay variaciones en cuanto a turbación y erraticidad. Todo depende del grado evolutivo del que desencarne, la forma en la que se desencarna, y compromisos con la Ley de Causas y Efectos.
Por eso he tenido cuidado en detallar algunas cosas sobre la personalidad del desencarnado para asociarla a la turbación y a la erraticidad.
¡Bueno! Ahora podemos continuar.

El espìritu ha elegido su propòsito cultural: La medicina. Tambièn ha elegido su propòsito ètico: Sacudirse del complejo anti servidumbre. El espìritu ha elegido ser empleado de servidumbre en una familia de esas, que afortunadamente ya no son muchas, que les gusta tratar a la servidumbre como inferiores.

¡Es un espìritu valiente! Reconoce sus imperfecciones y no culpa a Dios de ellas porque: ¡Son de èl!
Sabe que Dios no tiene nada que ver con nuestra individualidad, y que lo ùnico que El hace es darnos la oportunidad de que formemos esa individualidad. Que la culpa de nuestros fracasos y desvìos, es sòlo eso: ¡Culpa nuestra!
Teniendo nociones de todos esos propòsitos que trae para su nueva vida fìsica, empieza a buscar un hogar en el que pueda desarrollar lo pensado para su pròxima reencarnación.

Si èl fuera un espìritu que està haciendo sus pinitos con la inteligencia, la que recièn la ha asimilado por evoluciòn, las primeras reencarnaciones se hacen en agrupaciones o tribus alejadas de la civilización, llevando una vida y una conducta semi salvaje. El mecanismo de las reencarnación es hecho a estos seres por sus espìritus guìas. No tienen nociòn de libre albedrìo. No tienen la inteligencia suficiente como para programar propòsitos en su vida fìsica, asì es que sus reencarnaciones no son programadas por ellos.
Ya, cuando el espìritu ha logrado cierto grado de evoluciòn, sì participa en todo el proceso y el mecanismo reencarnacionista.

El espìritu que nos ocupa empieza su erraticidad. Su expiación requiere que por un tiempo sea sirviente. Para que se den esas condiciones, tiene que reencarnar en un hogar sumamente pobre.
En un hogar que para lograr el sustento familiar, ponga a trabajar a los hijos de sirvientes.

¡Otra cosa! Iba a ayudar mucho en su expiación el hecho de reencarnar como mujer. El venir como tal, no chocaba en nada con su deseo de ser mèdico. Ahora se podìa hacer eso. Recordaba que en reencarnaciones anteriores, la mujer era preparada para ser ama de casa y nada màs. Se les enseñaba oficios del hogar y era raro que se les diera los beneficios de la cultura. ¡Còmo ha evolucionado la humanidad!, pensaba èl.
Tampoco sentìa ninguna incomodidad en saber que reencarnarìa como mujer. ¡Total! Ya lo habìa hecho en vidas anteriores.

¿Què màs?. pensaba. ¿En què paìs reencarnarìa? Tendrìa que elegir un paìs en donde todavía se tratara mal a la servidumbre, y que como doctora en medicina que serìa, le gustaría que fuera en un paìs pobre para ayudar con su profesiòn al pròjimo. Elige un paìs con altos indices de indígenas.

Termina su meditaciòn, y visita varios de los paìses con estas condiciones. Al terminar de visitar varios de estos paìses, elige uno pequeño. Con bellos paisajes de montaña. Fèrtiles valle regados por rìos y propicios para la agricultura. Costas con excelentes playas para la recreación. Ciudades, bueno, con pretensión de tales, pero pintorescas y agradables.

Ya habìa elegido el paìs, ahora le tocaba a la ciudad y el hogar. Visitò varios hogares en diferentes ciudades, buscando en el que mejor se dieran las condiciones.
En una oportunidad que salìa de visitar un hogar, le llamò la atención una pareja que platicaba en un obscuro zaguán.
El era un policìa, y lo averiguò después, ella era la sirviente de la casona del zaguán en donde platicaban.
El le decìa a ella: ahora, ya podemos casarnos el mes que viene. Ella, una agraciada mestiza, sonrojò, y dijo toda llena de vergüenza: ¡Vaya! Yo ya estaba creyendo que no querìas casarte conmigo.

¡Allì estaba su oportunidad! Pasarìan meses y hasta un par de años quizàs. Pero dos años de la Tierra, en el espacio son una exhalación.
Siguiò escuchando la conversación, y èl le hablaba de una casita que èl habìa alquilado, y que poco a poco la habìa ido equipando para comodidad de los dos.
Le dijo èl: Yo no quiero que trabajes màs. Quiero que te dediques a mì, y a los hijos que vamos a tener.

¡Esos eran los que serìan sus padres! Asì lo pensò. Pero antes tenìa que averiguar ciertas cosas. Esperò en el dormitorio de la que probablemente serìa su madre, y esperò a que ella se durmiera. Cuando ella se desdoblò y lo encontrò dentro de su cuarto, casi aterrada le preguntò: ¿Quièn es usted y què quiere? El la tranquilizò y le explicò todo sobre el proyecto
de reencarnar en ese hogar que estaba a punto de formarse. Luego de la explicación, le preguntò: ¿Le permitirìa ser su hija?
Por mi parte no hay problema, pero, ¿se lo consultamos a mi novio? El viene todas las noches a buscarme. ¡Esperemos!
Asì fue, vino el novio y al tanto de todo, dijo que estaba bien.

¡Què felicidad! Ahora sòlo tenìa que esperar. Mientras esto sucedìa, se enterò de vidas pasadas de los que serìan sus padres, ya que querìa enterarse si podìa su expiación encadenarse a la de ellos. ¡No habìa problema! La expiación de sus futuros padres era la pobreza, ya que habìan sido malos ricos en su vida anterior.

Vio la ceremonia del matrimonio de la humilde pareja. Su espìritu guìa se hacìa màs presente cada vez, ayudàndolo en las interrogantes finales antes de reencarnar. Tambièn mantenìan diàlogos con los guìas de la pareja sobre planes futuros padres e hija. Tambièn continuaban los diàlogos con sus futuros padres en cuanto èstos se desdoblaban en el descanso nocturno.

De pronto, el espìritu reencarnante sintió un cosquilleo en su frente periespiritual y observò còmo un cordòn radiante que habìa salido de su frente atravesaba el vientre de su futura madre. Mirò desconcertado a su espìritu guìa, y este sòlo dijo: ¡El proceso ha comensado!
¡Ya estàs reencarnado!

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