Me despedí yo también... pero, ni una lágrima sino el convencimiento del deber cumplido (bueno, la verdad es que no me despedí sino que le seguí el juego a Zampabol. Nietzscheano quiso ver lágrimas en mis ojos, pero... ante el fin del mundo, lo que sentía era euforia, jojojo)
Es que eso del 21 de diciembre, la abeja maya y el apocalipsis (sin acento, ¿eh?) hace que se le pongan a uno de corbata. Al final, otro fin del mundo archivado..., y a por el siguiente.





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