Ah, entonces esa frase la dijo Franco (el importante, no el otro). Raro parece, pues Lorca no era un elemento izquierdista caracterizado en la provincia de Granada, a la que fue desde Madrid para huir de las turbulencias políticas (y fue peor. Si no se hubiera movido...). En fin..., de todas formas, mejor no hacer mucho caso a Ian Gibson, de donde salen la mayor parte de las historias acerca de la muerte de Lorca (como tampoco hay que hacer caso del falso “darle café” a Lorca de Queipo de Llano, que no ocurrió salvo en los imaginados testimonios sin prueba de Gibson). Lo de Gibson lo digo porque su trabajo como historiador no es muy eficiente, fiándose de testimonios que le hacen pinchar en hueso cada vez que cree encontrar la tumba de Lorca (más vale que contrate a un médium). Eso le pasa por fiarse de la “memoria” selectiva de algunos.Iniciado por Welcome
Sin embargo, dejó una gran ciudad segura en aquel momento para las izquierdas (Madrid), para irse a provincias (Granada, tomada por los sublevados), a casa de un falangista amigo. Imprudencia o sensación de seguridad. No fue el café de Queipo de Llano, sino la envidia del politicucho de la CEDA (ex de la CEDA), enemistado con los falangistas. O sea, un enredo descontrolado.García Lorca no estaba dedicado a la política, pero sus encendidos escritos en defensa de la justicia social sonaban subversivos para los que eran derechistas medio
fanáticos, más su condición abiertamente declarada de tener parejas de su mismo sexo. En la actualidad aceptado y en aquellos tiempos vilipendiado, como se sabe.
Dice el hijo de Queipo de Llano (tan testimonio como los de Gibson): «Aún recuerdo cómo mientras comíamos en la residencia de mi padre en Sevilla le llegó la noticia del asesinato de García Lorca. Mi padre pegó un puñetazo en la mesa exclamando: '¿Esto nos hará mucho daño! ¿Qué muerte tan innecesaria! Las venganzas canallescas nunca abandonarán a este pueblo'».




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