UNA FANTASÍA
Caminar nuevamente desde la entrada a la ciudad hasta la salida a Charo, detenerme sobre la calzada, frente a la escuela primaria que tiene un talud cubierto de pasto, donde tantas veces esperé ilusionado a que salieras de tu casa para asistir a la cita de amor acordada el día anterior. Llegar hasta la tiendita de la esquina que tenía un jardín de bellas rosas, pedir un refresco y alguna guzguera, preguntar como no dándole importancia si aún vives ahí.
La señora que me atiende, responde que hace mucho tiempo te fuiste, aunque tu madre y hermanas aún habitan la casa, Te casaste, me cuenta, hace más de 25 años, seguramente tendrás más de tres hijos, que es la cantidad de hijos que yo tengo, al menos registrados y reconocidos, recuerda que te veías feliz después de una época de tristeza y este comentario me lastima profundamente el corazón, porque presumo que yo fui el responsable, precisamente esta búsqueda de ti es con la finalidad de verte aunque sea una sola vez. Decirte que fui un tonto al no valorar tu amor, al dejarme llevar por el remolino de la vida, los pocos que han leído mi libro sabrán perfectamente a qué me refiero. Han pasado 38 años. Toda una vida desperdiciada. 38 años que pudieron haber sido de felicidad a tu lado y no de recuerdos de épocas felices contigo. Cuánto lamento no haber tenido el valor de buscarte cuando aún era libre de elegir mi rumbo y como dice una canción de Roberto Carlos “Pero la distancia fue mayor “.
Poco a poco tu imagen física se me ha borrado, pero tu hermosura espiritual y tu amor por mí no lo he podido olvidar, ni lo he intentado, no puedo dar vuelta de hoja a mi pasado, mi mente no te olvida porque tu recuerdo lo llevo en mi corazón y me causa una dulce nostalgia que me reconforta en mis múltiples etapas de tristeza. Bendita seas.
Después de investigar arduamente, he conseguido por fin tu domicilio, es una casa pequeña en una colonia de clase media, tiene un coqueto jardincito con abundantes rosales, cuyas flores perfuman el paso de los peatones por la acera, me llama la atención que revueltas con otras plantas de ornato se distinguen algunos mirasoles, tu flor silvestre favorita y me envuelvan los recuerdos de correrías, cuando buscándolas, nos encaminábamos allá, por el cerezo o por el panteón, en donde abundaban, regresábamos con enormes ramilletes de ellas, todas cortadas como un homenaje a tu belleza y aquí estoy frente a la puerta de tu casa aunque sé que no tocaré hasta estar seguro de no causarte un problema.

He soñado tanto con este momento y ahora que lo tengo a la mano, tiemblo al pensar que no quieras escucharme, que no me permitas decirte que no espero que aún me quieras, que sé que no puede haber ya nada entre nosotros, ha pasado demasiado tiempo y la vida nos llevó por caminos diferentes, pero sí quiero pedirte que me perdones por haber sido infiel, explicarte que lo he pagado muy caro, que la vida me ha tratado inmerecidamente bien y aunque he tenido mujeres que me quisieron, nunca volví a querer como te quise a ti, con aquel amor puro y casto que me inspiraste, con ellas conocí la pasión carnal que nunca intenté contigo porque fuiste sagrada para mí, y que he llorado muchas veces por tu recuerdo. No quiero volver a empezar, sólo quiero tu perdón para esperar la muerte en paz conmigo mismo.