Página 12 de 16 PrimeroPrimero ... 21011121314 ... ÚltimoÚltimo
Mostrando resultados del 111 al 120 de 155

Tema: pakasso escritor

  1. #111
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    Estimados compañeros: hoy estoy de fiesta, finalmente me repararon mi pc, la falla fue muy simple, una pequeña lagartija SE ELECTROCUTÓ EN LA FUENTE DE PODER. y ahora que estoy de regreso continuearé enviando más partes de mi libro para que ustedes me evalúen

    No todo era desagradable, en una vuelta matutina, observé a una pasajera joven, unos 27 años de edad, morena, esbelta y bonita, que con una niña en brazos, lloraba muy despacio, le pregunté el motivo de su llanto y me contó que su pareja se había ido a Estados Unidos para buscar un mejor modo de vida y que no sabía nada de él, -nada extraño, es una historia común- pero, su niña estaba enferma y no tenía dinero para la medicina, conmovido le pregunté cuánto le faltaba y me dijo “ochenta pesos” tomé el dinero de la marimba y se lo ofrecí, diciéndole, “cuando regrese tu pareja me los pagas” me miró agradecida y la bajé frente a una farmacia, llegué a mi base y esperé a que me dieran salida y al pasar frente a la farmacia la descubrí haciéndome nuevamente la parada, traía un pequeño envoltorio con las medicinas, me contó que habían inyectado a la pequeña y notaba alguna mejoría en ella, por el camino platicamos y entonces me sorprendió con una pregunta ¿No quieres ser mi novio por un día? Le dije que le presté el dinero de buena dé y que no era ése el pago que esperaba, ya algún día podría regresarme el dinero, bajó en Las Guacamayas y se fue feliz con su niña, posteriormente se me aparecía casi a diario y me proponía conocer algún motel nuevo, ir a la playa solos y cuanta opción se le ocurría. Un amigo a quien apodábamos “el amuleto”, que recién se había divorciado, creyendo que ella era mi amante me felicitaba y cuando le conté brevemente la historia me dijo “pues que buey eres, la chica está para chuparse los dedos, total, ¿Quién le va a contar a tu mujer de un brinquito?, terminó pidiéndome que lo recomendara con ella si yo no pensaba aprovechar la oportunidad, lo mandé al diablo, bonito me iba ver yo de cupido

  2. #112
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    Una señora, también pasajera frecuente, me preguntó un día porqué no llevaba música “se descompuso el estéreo” le dije y pienso comprar otro, me miró sonriente y me dijo “no lo haga, yo tengo uno en muy buenas condiciones ¡se lo regalo!, sólo pase por mi casa una tarde. Muy bien y ¿su marido estará de acuerdo? Se rió abiertamente y me explicó que se había ido para el norte a trabajar, había quitado el estéreo de su camioneta para poner una pantalla y ver películas porno, ya no lo necesitaría, yo podría perder una vuelta y tomar un refrigerio con ella e instalar el estéreo en mi carro tranquilamente, le dije que si, pero no le dije cuando, la mujer ya estaba entrada en años y yo no estaba vendiendo amor, cuando conté esto en la casa, Ana se reía a carcajadas ya que no conocía a la mujer. Pero también me tocó conocer mujeres bravas. En una ocasión al rebasar a otro vehículo, una camioneta, atrás de mi, sonaba su claxon con insistencia molesta, regresé a mi carril y escuché los cinco toques con que en este país se recuerda y degrada a la madre, un pasajero me preguntó ¿se va a dejar? Le dije “esa mujer está loca”, acompañando mis palabras con una señal, seguramente me vio por el espejo retrovisor, porque se detuvo y me dejó pasar para a continuación volver a usar su claxon de forma insultante. Me detuve y acto seguido me situé tras de su camioneta a una distancia que rebasaba la prudencia, Tal vez pensó que pretendía darle un empujón con la combi, porque sin disminuir su velocidad salió de la carretera dando tumbos, seguí mi ruta y al llegar a la base en Las Guacamayas vi venir una camioneta de lujo, paró junto a mi combi, bajó un sujeto mal encarado con una pistola en la mano y preguntó quien manejaba esa combi, me presenté y apuntándome con la pistola me reclamó que hubiera empujado a su mujer fuera de la carretera, me sorprendió un poco ya que no creí en ningún momento que me fuera a disparar y le pedí que revisara mi combi buscando algún indicio, un pequeño golpecito o rayón que se habría producido si nuestras unidades hubieran tenido un contacto estando en movimiento, le referí como ocurrieron los hechos y le pedí que considerara hablar muy en serio con su mujer, que lo exponía inútilmente, por ganar un pleito que ella empezó, lo convencí y se retiró pidiendo una disculpa. Trabajé tres años como chofer, con cuatro patrones diferentes, con Álvaro el primer año, sin descansar un solo día, después, un compañero me presentó con el propietario de un negocio donde hacían cambios de aceite y que tenía, como Álvaro, varias unidades de servicio urbano, con él llegamos a un acuerdo rápido, ya que el compañero me recomendó ampliamente, a este señor le decían “El Veloz”, era cristiano, de la congregación de “El Shadai, muy estricto con sus choferes, tuvimos buenas relaciones laborales y sólo recuerdo una ocasión en la que no salimos de acuerdo. Sucedió que una conocida requería un viaje especial con su familia a Taretan –un pueblo pequeño cerca de Uruapan- lo consulté con el veloz y me dijo que si, que le avisara cuando llegara la fecha, así lo hice con solo dos días de anticipación y entonces cambió de opinión, me expuso que las unidades eran también de su esposa y sus hijos, que no estaban de acuerdo en que saliera a carretera federal, porque era muy peligroso, era una buena razón, pero fuera de tiempo, yo ya había aceptado hacer el viaje, ¿cómo les diría ahora que no? Enojado, fui a buscar a Álvaro y le comenté lo que me pasaba, me ofreció la Urvan y llamó a su chofer para que me la entregara lavada y con el tanque lleno. Hice pues el viaje con la Urvan llena y todo salió muy bien, su familia nos recibió con júbilo y hasta nos cantaron algunas pirecuas , no tomé bebidas alcohólicas y regresamos al finalizar el día. Cuando me presenté con el veloz por mi combi, me preguntó si había ido al viaje especial programado y le conté que Álvaro me había prestado una Urvan, sin costo alguno, no era cierto, pero lo hice para remarcarle que Álvaro confiaba en mí, aún cuando ya no trabajara para él. Hubo una temporada baja en donde con mucho esfuerzo completaba la cuenta, el veloz era muy exigente y no estaba dispuesto a esperar cuando no sucedía así y terminamos nuestra relación laboral pero previendo que esto sucedería me presenté con otro patrón, que tenía una Urvan vieja pero que trabajaba muy bien, le decían Don José, éste era comprensivo y no ponía trabas al trabajo, gustaba de cultivar una huerta, el carro era en realidad de un hijo suyo, Ingeniero de una siderúrgica que resultó de la segunda etapa de sicartsa y que se llamaba Imexsa. Nos entendimos bien, yo llevaba la cuenta a su casa por la noche o al día siguiente y fue en ese tiempo que me ocurrió el único asalto a mano armada que sufrí. Ese día llevé dinero para pagar una impresora que había adquirido a crédito pero encontré cerrada la tienda y no lo hice, como a las siete pasé a la casa de Don José a entregar la cuenta y no lo encontré, las dos cantidades sumaban como dos mil pesos, recordando que era una época en la que habían asaltado a varios compañeros, introduje el dinero en una bolsita y lo escondí bajo el tapete, poniendo después los cables para pasar corriente, por si revisaban, al meter la mano se toparan con ellos. A las 8:35 p.m. circulaba en la última vuelta oficial, con rumbo a Lázaro Cárdenas, cuando al pasar frente a la colonia “Comunal Morelos” me hicieron la parada dos jóvenes de 17 o 18 años, subieron y ninguno intentó pagar los pasajes, yo los vigilaba por el espejo interior para que de no producirse el pago, solicitarlo o hacerlos bajar de la unidad, de pronto uno de ellos sacó de entre sus ropas un revólver y me gritó ¡Párate aquí!, en ese momento estaba rebasando a otro vehículo por lo que no acaté la orden, furioso me apuntó a la cabeza, expliqué que no podía parar a media carretera y provocar un accidente, me permitió orillarme mientras me amenazó con dispararme si hacía algo sospechoso, una vez estacionado, me pidió la llave de encendido, se la dí y posteriormente el dinero, le señalé la marimba, que mostraba, además de las monedas, algunos billetes la tomó y la vació en una bolsa que llevaba ex profeso, me preguntó ¿No traes más? Ante mi negativa sentenció “te voy a revisar y si traes un solo peso más, ya te llevó la chin…” no lo hizo, despojó de sus pertenencias a los 4 pasajeros que transportaba, uno de ellos, chofer de otra línea se resistió –de palabra- le arrancaron una cadena del cuello, le quitaron su celular y estuvieron a punto de dispararle cuando no se podía sacar un anillo, lo vi desencajado y le ofrecí un poco de jabón líquido del que usaba para el aseo y de esa forma logró sacarlo. Pero algo no le gustó al asaltante y junto con su compañero que nos encañonaba con la pistola golpeaban a los pasajeros, protesté diciendo “ya tienen el dinero y las cosas, ¿qué más quieren? Furiosos me golpearon cobardemente ya que yo estaba de espaldas, sujeto por cinturón de seguridad y totalmente desarmado, cuando se sintieron satisfechos me ordenaron ¡jálate! Contesté “regrésame la llave”, pero en un acto más de maldad la aventaron entre la hierba del camino y bajaron muy tranquilos, ahora me quité el cinturón y atendí a mis pasajeros, uno de ellos había recibido un cachazo en la cabeza y sangraba mucho, les pedí que esperáramos a que pasara otra combi par enviarlos a una clínica para atención médica pero se negaron y prefirieron huir caminando, temerosos de que los asaltantes regresaran, crucé la carretera para solicitar el teléfono de la gasolinera y dar aviso a la policía y a la cruz roja, pero a lo lejos venía una patrulla de la Policía Federal de Caminos y la obligué a detenerse, expuse brevemente al oficial el motivo y le pedí que detuviera a los asaltantes, advirtiéndole que estaban armados, me contestó que no era su jurisdicción y que no podría detenerlos a pesar de que yo había visto muchas veces como entraba a la colonia a perseguir carros que habían cometido alguna infracción, se limitó a llamar a la policía por su celular y dijo que también lo hizo a una ambulancia pero mintió, 10 minutos después y viendo que nadie llegaba, fui a la gasolinera y llamé a la policía, me dijeron que habían recibido el reporte del federal de caminos que en un momento llegarían y así fue, muy tarde llegaron 7 patrullas con torretas encendidas y sirena abierta, parecía un desfile, pero habían transcurrido 15 minutos desde el reporte, lógicamente no los encontramos. Por lo pronto había enviado el aviso a Don José con un compañero que pasó, pero no dio la razón bien, se presentó a la casa de Don José y le dijo a su esposa que habían asaltado la Urban, dando a entender que me habían golpeado mucho. La señora, alarmada, llamó a sus hijos y como resultado, llegó toda la familia, en alguna parte encontraron una llave que pensaron podría servir y la trajeron, con ella Don José arrancó el vehículo y lo estacionó frente a la gasolinera, pero lo apagó y cuando regresé con la policía después de haber buscado infructuosamente a los asaltantes, encontré a muchas personas que comentaban el hecho. Solo sacamos en claro que podrían ser los hijos de un ex policía, que vivía en esa colonia, los cuales se reunían en el billar por las tardes, la familia quería llevarme a una clínica porque mostraba la cara hinchada por los golpes pero me resistí. Cuando después de intentar conseguir un cerrajero decidimos dejar la urvan estacionada en la gasolinera, saqué el dinero escondido y entregué a Don José la cuenta, me llevaron a mi casa y pasaron al día siguiente para avisarme que ya estaban haciendo un juego de llaves nuevas, Don José me dio 100 pesos para gasolina, ni la mitad del tanque, que ocupaba un poco más de 400, pero así empezamos el nuevo día. Don José comentó esto con sus compañeros, propietarios de carros y mi fama creció, ya que normalmente los choferes a los que asaltan, aunque les hayan quitado lo mínimo, no entregan nada con el patrón.

  3. #113
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    El otro chofer que había sido asaltado en mi carro vino a buscarme, me contó que había dado una vuelta por la colonia donde se suponía que vivían los asaltantes y que creyó reconocer a uno, lo abordó y le comentó que en el asalto le habían quitado un anillo que le dio su novia y que debería presentarse con él si quería verla, le ofreció una cantidad si se lo regresaba y no hacer nada contra ellos, el muchacho negó haber participado y le enseñó a 3 hermanos más, ninguno era y entonces le informó quienes eran los asaltantes, donde se drogaban y todo lo referente, pero le pidió no revelar de donde había conseguido la información, en una camioneta con vidrios ahumados recorrimos toda la colonia sin encontrarlos y cuando vimos la última calle, nos encontramos con un grupo grande que consumían cervezas en la calle, ahí estaba uno de ellos, se lo dije y se detuvo en seco, llamando la atención, para evitar un problema le dije que siguiera de frente y así lo hizo por media cuadra más, pero se dio la vuelta y eso fue suficiente para que se iniciara la desbandada, seguimos al malandrín, pero cruzando entre las casas se nos perdió, no podríamos hacer nada, regresamos a Lázaro Cárdenas, dirigiéndonos a la policía municipal, nos escucharon y después preguntaron si habíamos interpuesto la denuncia penal, asentí y entonces me dijeron que era asunto de la policía judicial, fuimos a la policía judicial y solicitamos que acudieran a detenerlos y entonces nos dijeron que hasta que llegara el licenciado de segunda instancia, el cual se presentó hasta las 7 de la tarde, después alegaron no tener unidad para desplazarse, mi compañero llevaba un taxi de un amigo y se ofreció a llevarlos, se fueron y me quedé a esperar el resultado, como una hora después llegaron en varias camionetas, traían a 5 individuos, a los que bajaron con malos tratos y los pasaron por una sala bien iluminada, mientras que nosotros permanecimos en una oscura, por lo que los podíamos ver muy bien, pero ellos a nosotros no. Un agente judicial me preguntó ¿cuál es? Ninguno, pero ese moreno se parece, pues entonces dime que es ése y le damos para adentro. Por supuesto que no estuve de acuerdo, el objetivo no era encerrar a cualquiera, sino a los culpables. Me hizo notar que 3 de ellos traían droga y de todos modos se iban a quedar. Al día siguiente como a las cuatro de la tarde me llamaron para avisarme que ahora ya lo tenían pero era necesario que lo identificara, por lo que solicitaban que llevara al compañero, desgraciadamente no lo pude localizar, pero le dejé avisos con sus compañeros de ruta y cuando me presenté a las instalaciones de la Judicial, él ya me esperaba, no me dejaron cruzar palabra con él, nuevamente sacaron al detenido a la sala iluminada, de inmediato lo reconocí como el que me asaltó y me golpeó, me citaron para el día siguiente y me solicitaron que avisara a los compañeros de mi ruta que habían sido asaltados para que lo identificaran, fui a la base y los compañeros me recomendaban que abandonara el caso, porque en esa colonia había tres familias de asaltantes y me podrían matar por haber hecho detener a ése, los más recientes: uno de 25 años a quien apodaban “el temerario” me dijo que él no iría, porque pensaba vivir muchos años más. El otro, un hombre hecho y derecho fornido, se unió a lo dicho y ninguno fue, pero los judiciales habían citado a muchos pasajeros comunes que habían sido sus víctimas y con su testimonio, lograron una sentencia de 8 años. Fue por estos días- Noviembre de 2006 que mi hermano Gonzalo sufrió un accidente mortal en la siderúrgica, él manejaba un Euclide , trabajó toda la noche y al amanecer posiblemente le gano el sueño, se estrelló contra una casetita, el carro entró, pero la cabina del chofer no y murió prensado. Nunca creí que me dolería tanto su muerte, pero verlo en el ataúd, rompió los diques de mis sentimientos, lo lloré mucho, sin importarme lo que pudiera decir la gente, mis sobrinos, a quienes había ido a consolar me brindaban su consuelo y lo tuvimos que enterrar al día siguiente en el panteón ejidal.

  4. #114
    Fecha de Ingreso
    05-julio-2007
    Ubicación
    Monterrey, N.L.
    Mensajes
    17.935

    Predeterminado

    en verdad pakasso que, admiro tu proceder, continúo leyendote...
    saludos!
    No soy rara....soy edición limitada.

  5. #115
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    Nuevamente el refrán de que “a buen servicio, mal pago” se hizo realidad. Un chofer antiguo que trabajó con Don José empezó a intrigar contra mí, Una tarde Don José me interceptó como a las cinco de la tarde y me pidió la cuenta –algo inusual- lógicamente aún no la tenía. Me dijo que en adelante debería entregarla de 4 a 5 de la tarde porque así lo quería su hijo, el ingeniero, propietario del vehículo, esto se repitió por 3 días consecutivos, terminé por entregarle la urvan, fui a buscar a Álvaro, pero lo encontré cuando me dirigía a su casa. Le conté mi problema y nuevamente fue solidario conmigo, me ofreció su combi viejita, ya que la urvan de su propiedad tenía entonces chofer, de inmediato acepté, pero esa combi era la más viejita de todas y me hacía pasar vergüenzas, no por el aspecto, se paraba a cada rato, fallaban los frenos, el clutch, se calentaba, etc., era pues una carcacha que los pasajeros evitaban, con el lógico deterioro de mi economía. La relación laboral con Álvaro, su esposa y sus hijos era casi familiar, me trataban con confianza y amabilidad, pero yo tenía mi propia familia que mantener,. Una tarde se presentó un señor muy amable, me ofreció trabajo en su combi, que aunque viejita también, estaba en mejores condiciones que la de Álvaro y con una cuenta más cómoda y el ofrecimiento de cierta tolerancia, me pareció buena oferta y entregué a Doña Eva –la mujer de Álvaro- su combi y me cambié, al nuevo patrón nunca lo conocí por su nombre, lo apodaban “el ranchero” –Es de hacer notar que en este medio, casi a nadie le llaman por su nombre y hay apodos chuscos, entre los que recuerdo están: el faramañas, el conde, el cocacolo, el mascafierros, el mole, el tontín, etc. Sin embargo, prefieren ser llamados así que por sus nombres, yo no acepté ninguno y me llamaban “Don Paco” que no sonaba mal.
    En este oficio, las comidas normalmente se hacen cuando se puede, me levantaba a las 5:00 de la mañana para empezar entre los primeros, el horario formal es de las 8:00 a las 20:30, pero si empiezas temprano y Dios te socorre, la mañana puede ser muy buena, ya que hay poca competencia y mucha gente que le urge desplazarse a sus trabajos, por lo que a la hora de almorzar, más o menos a las 9:00 de la mañana, ya andas dando vueltas y no hay tiempo para ir a casa, así que haces esta comida donde se pueda. Yo la hacía frente a la Siderúrgica, había un local muy rústico donde vendían tacos de carnitas o con los taqueros de los alrededores, que venden tacos de cabeza de res y cuando estaba en Las Guacamayas, compraba “gorditas de manteca” – tortillas hechas a mano, gruesas y con manteca de cerdo , que llevan pedacitos de chicharrón, muy ricas y económicas ya que nunca fui afecto a comer la clásica comida chatarra (papas fritas). Había en mis recorridos algunas huertas de mangos de diferentes variedades y cuando tenía oportunidad, hacía buena provisión, llenaba bolsas de ellos. También, en temporadas, en el entronque con la carretera a Las Guacamayas se detenían camiones que vendían toronjas, traídas del valle de Apatzingán a muy buen precio, así aunque mis horarios de comida no fueran fijos, no dejaba de alimentarme. Cargaba siempre mi provisión de pastillas para la presión alta, pero muchas veces no las tomaba, a menos de experimentar dolor de cabeza. Me sentía muy tranquilo, ya que mi carácter no es colérico, sino tranquilo y eso me protegía de los riesgos de desarrollar diabetes, enfermedad muy común entre los choferes, causada por el estres del trabajo. Don Carlos, un cliente de mis tiempos en la tienda de computación, periodista de oficio, vino a mi casa y me solicitó que le hiciera el periódico en mi computadora, me ofreció la suya, pero era muy viejita, el programa para este trabajo se llama PageMaker, pero tampoco sus diskettes servían, lo bajamos gratis del Internet y dibujé – con Corel Draw- el logotipo y empecé a hacer intentos. El amuleto me ofreció ayudarme un poco con el Page Maker, pero resultó que se había quedado obsoleto en sus conocimientos, éste, como es común en los programas informáticos había sufrido muchas modificaciones. Por esos días y casualmente, Bonifacio – el último de los hijos de mi Papá- trabajaba en un periódico en Apatzingán y me enseñó algunos trucos básicos para el diseño de páginas, tabulaciones y distribución del texto, con eso fue suficiente.
    Hacía un periódico por semana, -pretendiendo que era diario-, el cual se enviaba al gobierno de Michoacán, en Morelia –El Gobernador en turno era Lázaro Cárdenas Batel- y daba a Don Carlos un “chayotazo” de 7,500 pesos mensuales, de los cuales, yo recibía 2,500, dado que el titular era él. Componía el periódico de las noticias encontradas en el Internet, nacionales e internacionales, le puse la clásica sección del horóscopo y otra para efemérides y para las noticias locales, pirateaba las noticias importantes, las cuales traducía a mis palabras. Inserté una sección de crítica a la situación local, bajo mi óptica, ocupaba media página y en él vaciaba mis opiniones sobre diversos tópicos, las tranzas del gobierno municipal, la deficiente educación de los jóvenes que dicen groserías sin importarles que haya mujeres o niñas, los problemas con el transporte, los manejos de los trabajadores para conseguir conquistas laborales, las promesas de políticos locales en busca del voto de los electores, etc. Era una sección diferente, la llamé “mi ciudad soñada” y en una ocasión, Don Carlos me transmitió una felicitación generada en Gobernación del estado, me llenó de satisfacción, porque a pesar de que solamente trataba problemas locales, lo hacía de forma abierta y documentada, ¡Ya me sentía periodista!

  6. #116
    Fecha de Ingreso
    17-septiembre-2011
    Ubicación
    méxico
    Mensajes
    420

    Predeterminado

    ANA es un nombre bonito, igual que tu cuento,¡¡felicidades!!

  7. #117
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    10.2.-Un auténtico milagro

    Al parecer podía realizar las dos actividades – manejar un Carro de servicio público y producir el periódico, sin afectar ni una ni otra, pero una vez, a las once de la noche, mientras trabajaba en el periódico, experimenté un intenso hormigueo en la cara, me desconcertó ya que no era algo conocido, suspendí mi trabajo y me senté en un sillón, de pronto tuve la sensación de que algo me atraía hacia el piso, me asusté y pensé de inmediato ir a dormir para descansar, pero mi recámara está en la parte alta de la casa y para ir a ella, hay que subir una escalera de caracol. Temí caerme y me senté en los primeros escalones, recuerdo haber pensado “ahorita pasa” y no supe más.
    Lo siguiente fue una serie de acontecimientos que conformaron un milagro, según me contaron mi esposa y mis hijos. Como a las tres de la madrugada, mi esposa escuchaba que estaba vomitando, intrigada se asomó a la sala y me encontró tirado, muy cerca de la puerta, vomitado y con los lentes rotos –supongo que me levanté y me caí- hacía gestos raros y desesperados, asustada llamó a mi hijo y solicitaron el apoyo de la Cruz Roja, pero al intentar subirme a la ambulancia, de algún modo me afiancé de un tubo y no podían lograr que lo soltara, fue necesario que usaran un desarmador como cuña para conseguir que abriera la mano. Me llevaron al Hospital General, pensando que estaba borracho, pero cuando se enteraron que casi no tomaba, preguntaron si me gustaban las drogas y al saber que ni siquiera fumaba, dedujeron que era algo más grave y me hicieron las primeras tomografías, que revelaron una hemorragia intensa en el cerebro. Ahora si estaban seguros. El Director del Hospital, dijo a mi familia, que seguramente moriría, que era necesario operar para desalojar la sangre, pero en Lázaro Cárdenas no había cirujanos que realizaran esa operación, ni contaba con instalaciones e instrumentos médicos apropiados, que si se quería intentar algo debían llevarme a Morelia o México, además de que disponía de sólo 48 horas de vida a partir del momento en que sufrí el derrame, nadie sabía en que momento ocurrió, la situación era desesperada, se solicitó ambulancia a la Cruz Roja a Protección Civil y a otras instituciones, pero en ninguna parte había una disponible, por lo pronto se comunicó a mis hermanos la mala noticia, seguros de que no la iba a librar. Mi hermana Elsa, a quien nunca pregunté dónde trabajaba, lo hacía precisamente en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en la ciudad De México, de inmediato respondió, ¡tráiganlo!, pero no había ambulancia, un amigo de mi hijo, compañero del Colegio del Aire, le ofreció su avioneta, fueron al hospital pero les informaron que el traslado debería hacerse por tierra, ya que subir a un avión podría terminar conmigo. El tiempo corría y entonces se recibió de Servicios Portuarios la disponibilidad de una ambulancia, entrevistaron a una doctora de la Cruz Roja y aceptó acompañarme hasta Morelia para cuidar de mí. La ambulancia sólo podría llevarme hasta Morelia, pero Bonny, mi hermano, miembro del Cuerpo de Bomberos de Apatzingán, consiguió una ambulancia con Protección Civil de Nueva Italia, relevó a la otra en Morelia, me pasaron de una a otra y así pude llegar a tiempo a México, aunque debo decir, en justicia que el esposo de la doctora –aún pasante de medicina- me cuidó de Morelia a México, mientras, mi hermana había hecho los trámites necesarios para que me operaran apenas fuera recibido allá, como sucedió, me bajaron de la ambulancia y me pasaron directo al quirófano. Todo un milagro que ahora agradezco a Dios por esta segunda oportunidad de vida.

  8. #118
    Fecha de Ingreso
    25-diciembre-2008
    Mensajes
    17.918

    Predeterminado

    Cita Iniciado por pakasso Ver Mensaje
    10.2.-Un auténtico milagro

    Al parecer podía realizar las dos actividades – manejar un Carro de servicio público y producir el periódico, sin afectar ni una ni otra, pero una vez, a las once de la noche, mientras trabajaba en el periódico, experimenté un intenso hormigueo en la cara, me desconcertó ya que no era algo conocido, suspendí mi trabajo y me senté en un sillón, de pronto tuve la sensación de que algo me atraía hacia el piso, me asusté y pensé de inmediato ir a dormir para descansar, pero mi recámara está en la parte alta de la casa y para ir a ella, hay que subir una escalera de caracol. Temí caerme y me senté en los primeros escalones, recuerdo haber pensado “ahorita pasa” y no supe más.
    Lo siguiente fue una serie de acontecimientos que conformaron un milagro, según me contaron mi esposa y mis hijos. Como a las tres de la madrugada, mi esposa escuchaba que estaba vomitando, intrigada se asomó a la sala y me encontró tirado, muy cerca de la puerta, vomitado y con los lentes rotos –supongo que me levanté y me caí- hacía gestos raros y desesperados, asustada llamó a mi hijo y solicitaron el apoyo de la Cruz Roja, pero al intentar subirme a la ambulancia, de algún modo me afiancé de un tubo y no podían lograr que lo soltara, fue necesario que usaran un desarmador como cuña para conseguir que abriera la mano. Me llevaron al Hospital General, pensando que estaba borracho, pero cuando se enteraron que casi no tomaba, preguntaron si me gustaban las drogas y al saber que ni siquiera fumaba, dedujeron que era algo más grave y me hicieron las primeras tomografías, que revelaron una hemorragia intensa en el cerebro. Ahora si estaban seguros. El Director del Hospital, dijo a mi familia, que seguramente moriría, que era necesario operar para desalojar la sangre, pero en Lázaro Cárdenas no había cirujanos que realizaran esa operación, ni contaba con instalaciones e instrumentos médicos apropiados, que si se quería intentar algo debían llevarme a Morelia o México, además de que disponía de sólo 48 horas de vida a partir del momento en que sufrí el derrame, nadie sabía en que momento ocurrió, la situación era desesperada, se solicitó ambulancia a la Cruz Roja a Protección Civil y a otras instituciones, pero en ninguna parte había una disponible, por lo pronto se comunicó a mis hermanos la mala noticia, seguros de que no la iba a librar. Mi hermana Elsa, a quien nunca pregunté dónde trabajaba, lo hacía precisamente en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en la ciudad De México, de inmediato respondió, ¡tráiganlo!, pero no había ambulancia, un amigo de mi hijo, compañero del Colegio del Aire, le ofreció su avioneta, fueron al hospital pero les informaron que el traslado debería hacerse por tierra, ya que subir a un avión podría terminar conmigo. El tiempo corría y entonces se recibió de Servicios Portuarios la disponibilidad de una ambulancia, entrevistaron a una doctora de la Cruz Roja y aceptó acompañarme hasta Morelia para cuidar de mí. La ambulancia sólo podría llevarme hasta Morelia, pero Bonny, mi hermano, miembro del Cuerpo de Bomberos de Apatzingán, consiguió una ambulancia con Protección Civil de Nueva Italia, relevó a la otra en Morelia, me pasaron de una a otra y así pude llegar a tiempo a México, aunque debo decir, en justicia que el esposo de la doctora –aún pasante de medicina- me cuidó de Morelia a México, mientras, mi hermana había hecho los trámites necesarios para que me operaran apenas fuera recibido allá, como sucedió, me bajaron de la ambulancia y me pasaron directo al quirófano. Todo un milagro que ahora agradezco a Dios por esta segunda oportunidad de vida.
    Y yo agradezco también esta manifestación divina.
    Me siguen gustando tus escritos.


    ---
    No me tientes que si nos tentamos no nos podremos olvidar... Benedetti

    http://www.elforo.com/image.php?type=sigpic&userid=37119&dateline=144212  4804

    ***

  9. #119
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    Mis primeros recuerdos posteriores son muy confusos, desperté en un hospital de la ciudad de México, me informaron que había sufrido un derrame cerebral, que estuve a punto de morir, que me operaron la cabeza para extraer la sangre y que estuve en coma por 26 días, no lo creía, para mí fue como haber dormido la noche anterior, sin un sueño. Estaba en una sala con otros dos pacientes, uno de ellos –Rubencito- con una enfermedad degenerativa que, me enteré no podría superar, era joven, blanco y muy amable, en una ocasión, me pusieron en un reposet tapizado de vinil negro, yo aún no tenía movimiento en mi cuerpo y me dolía la espalda, después de un mes en la misma posición boca arriba, hice esfuerzos, tratando de ponerme de costado y lo único que conseguí fue caer al piso y como no tenía fuerzas, quedé con la mejilla pegada a él. No quería que me descubrieran tirado, pero Rubencito, que ocupaba la cama contigua me descubrió y preguntó ¿qué hace ahí? Ante lo absurdo de la pregunta, me enojé y le contesté de mala gana “hace un tiempo vine y perdí unas canicas, a lo mejor aún están por ahí” llamó a la enfermera y ella dio la voz de alarma, pedía ayuda a gritos “Ayúdenme, se me cayó don Paquito”, vinieron otras enfermeras y me levantaron como a un costal. Había una enfermera por cada uno de los pacientes de la sala, así que eran tres en total, todas mas o menos de 18 a 21 años, para no aburrirse platicaban entre ellas y se ayudaban en lo posible, una mañana me preguntó mi enfermera ¿cómo amaneció? Bien, le contesté y me dijo sonriente “que bueno por que le toca piquete” y levantó una mano en la que traía una jeringa grande. Las demás enfermeras rieron a carcajadas, posiblemente porque como me dan pánico las inyecciones debí hacer algún gesto de espanto. Creyendo que se burlaban de mi, pregunté a mi vez “¿me toca piquete? ¿dar o recibir? Una nueva carcajada, me dijo mientras se reía, “usted no está para dar nada, sólo para recibir y por estar de vacilador se la voy a poner en el estómago” y así lo hizo, repitiendo esta operación como 20 días más, no dolía y me acostumbré, después me informaron que me inyectaban heparina – al hígado- para evitar que se me formara un “trombo” que por su desplazamiento podría llegar a mi cerebro con consecuencias fatales. En el hospital sucedían muchas cosas que cuando las recuerdo a la distancia me hacen reir, pero que en aquel momento eran muy serias. Una de ellas, muy molesta era Rubencito, despertaba en la madrugada y se ponía a gritar “Señorita, amiga”, me despertaba y le decía “Rubencito, ya está llamando a los fantasmas” abría mucho los ojos, asustado y preguntaba ¿hay fantasmas? Si, le decía, está llamando por una señorita y aquí no creo que haya, aliviado se reía y volvía a intentar dormir, al rato nuevamente llamaba “Amiga” “amiga” y nuevamente me despertaba y ya molesto le decía “Usted no tiene amigas está bastante feo” contestaba sonriendo con mucha paciencia “Don Francisco, estoy seguro que usted la va a librar, tiene muy buen humor”. Recuerdo que la enfermera que me cuidaba fue siempre muy amable y atenta conmigo, pero como mi cerebro no funcionaba adecuadamente, de pronto me encontré llamándola por un apodo, “chaneque”, no recuerdo en qué momento se dio, pero a la primera llamada venía corriendo solícita, ante las risas de las otras que se acostumbraron pronto, la explicación llegó después cuando preguntó a mi hijo ¿qué es un chaneque? Le explicó que al parecer era una especie de duende y entonces ella le contó que una tarde le llamé “cachetona” “cachetona”. Volteó y preguntó ¿es a mí? Y que yo le dije si, ¿cómo te llamas? “Maru”, pues pareces chaneque y que desde entonces le apliqué el apodo, cosa difícil de comprender, porque siempre he sido enemigo de poner o de que me pongan apodos. Pienso que esto surgió porque siempre estaba ataviada con su uniforme verde, una cofia y un cubre-bocas del mismo color, sólo podía ver sus ojos. Una madrugada, cuando todo estaba en silencio, desperté y vi a los pies de mi cama a una enfermera que me miraba intensamente, no la reconocí, pero al parecer se dio cuenta que la veía y retirando el cubre-bocas me sonrió, esa sonrisa me dio mucho miedo y me cubrí con la sábana, y cuando me descubrí, ya no estaba, después pregunté y ninguna enfermera aceptó haber estado ese día, a esa hora junto a mi cama, después me contaron acerca de un fantasma que se aparecía en el hospital. Por supuesto no lo creí, no podía ser un fantasma, juraría que era mi enfermera. Tengo un recuerdo muy confuso de un sueño que al parecer experimenté mientras estaba en coma. Me vi caminando por un campo plano, como un aeropuerto, había un edificio pequeño que parecía una garita de aduana y el campo estaba dividido por una raya amarilla, pintada en el suelo, iba hacia ella muy decidido, cuando me percaté que me acompañaban dos personas, de pelo casi al rape, uno de ellos me preguntó ¿vas a pasar? Si, le contesté, entonces el otro me preguntó ¿tienes visa?, esta vez la respuesta fue negativa. Nadie me detuvo, ellos cruzaron la línea. Antes de ella, el paisaje era por decirlo normal, un tanto sucio, pero del otro lado era muy bello, luminoso diría yo. Me quedé de este lado, triste por no haber cruzado. No sé que interpretación darle, posiblemente era el límite entre la vida y la muerte. Este sueño raro no lo olvidaré nunca.

  10. #120
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
    Mensajes
    259

    Predeterminado

    En el hospital las cosas para mis hermanas, mi hijo y mi esposa no eran fáciles, los controles propios para el acceso, les impedían estar mucho tiempo conmigo, durante el coma, en un principio les decían que iba a morir, pero al paso de los días cambiaron el diagnóstico, ahora les decían que posiblemente viviría, pero quedaría en estado vegetal, y 26 días después abrí los ojos, aunque no reconocía a nadie. Mis hermanas platicaban (hacían monólogos para mí) que yo no entendía y se retiraban llorando. Cuenta mi hermana Dora María que en una de estas visitas, cuando se retiraba, moví mi brazo derecho y la sujeté por un codo, como dándole ánimo. La primera vez que recuerdo algo, sucedió cuando me visitaron Estela y Elsa, Elsa me preguntaba Paco ¿sabes quien soy?, no sabía, la miré con mucho cuidado y dije “mi tía Beata”. “No estoy tan vieja”, me dijo, nuevamente la miré con atención “mi hija Heidi”. Tampoco tan joven, ¡mírame bien!, esta vez acerté “la cocona”, que fue el apodo familiar que le dábamos de niña y se soltaron a llorar. No entendía que dije mal hasta después que comprendí que lloraban de alegría por mi notoria mejoría, había sido un cuerpo sin alma por un periodo largo de tiempo y esta era la primera señal de recuperación. Estando inmóvil durante tanto tiempo mis músculos se atrofiaron, no tenía fuerzas ni para cambiar de posición en la cama –siempre boca arriba- . Una mañana llegó una doctora que me preguntó ¿quiere volver a caminar? Por supuesto le contesté. “Pues tendrá que hacer muchas terapias y ésta será la primera” tomó mi pierna izquierda, que yo no podía mover a mi voluntad y doblando mi rodilla trató de flexionarla, pero desde un costado de la cama debió serle difícil, por el peso natural, entonces subió a la cama, puso un pie a mi derecha y otro a mi izquierda y nuevamente intentó, esta vez con mayor éxito, flexionaba y trataba de acercar la rodilla a mi pecho, estos movimientos me resultaban muy dolorosos y me hacían gritar y derramar abundantes lágrimas, pero recuerdo que por la posición sobre mí, vi sus piernas, sus calzoncitos azules y todo lo que se puede apreciar desde abajo. Pero no tuve siquiera un mal pensamiento –algo raro en un patán como yo.- Entonces sucedió algo que dio fin a aquella tortura, en una flexión toqué con mi rodilla su área genital. Se sonrojó fuertemente y se quejó “ay Don Francisco, no está tan malito” no fui yo, protesté, usted me está moviendo la pierna, se retiró y no la volví a ver.

Normas de Publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder mensajes
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •