Repitiendo algo leído en el web, el crìtico mediocre, simplemente, se adscribe a las reglas que mejor encaja con sus propias opiniones y prejuicios, los verdaderos crìticos, con honestidad intelectual, no transitan solamente por las doctrinas que personalmente les satisfacen, sino que llevando a cabo una paciente y laboriosa labor de contrastación y deliberación racional, elaboran su visión de las obras a partir de todas las aportaciones importantes sobre la materia tratada; abren su mente a la innovación, la historia y la cultura. Procedimiento que, afortunadamente, es cada vez más frecuente y que los especialistas que están al corriente de las crìticas de otros, procuran practicar.
Se puede observar como la crìtica de bajo nivel apunta siempre contra las personas o sus comportamientos, jamàs sobre el tema especìfico. Es un elogio, en màs de una ocasión, recibir una crìtica negativa de personas mediocres. Una aprobación de parte de ellos podría significar la ruina para un escritor o un artista. La única dañada por una de sus crìticas es siempre la cultura. Desprecian a grandes como Marx o Lenin sòlo porque lo escuchan en los sermones domingueros; reciben las doctrinas sin ningún tipo de filtraje mental; bueno...por otro lado es lo ùnico que reciben y es lo ùnico que logran asimilar.
Observamos a menudo que ser criticastro o criticòn no es una elección personal sino que es debido a su condición natural que lo lleva a la mediocridad y, ademàs, es debido al parto rectal del que fueron objeto.
La profunda ignorancia e incultura les impide ver el contraste con quienes tiene encima; se siente al mismo nivel de ellos como para criticar y, ademàs, pretender corregirlos para que sean como él.
Viven en un mundo separado del cual son reyes y que nadie puede destruir, debido a la sordez a la que su impreparación los lleva. No sienten la humillación de ser despreciados por lo que escriben, al contario, están convencidos que su obra vale màs que la del grande y la defiende con arrogancia y soberbia recalcitrante. Se jactan de la suerte que han tenido de no poder ser mejores.
Ven en su mediocridad “un punto de fuerza” dado que ningún grande se permitirá invadirla por escrúpulo o simple vergüenza. Hablan como si el planeta dependiera de las palabras que pronunciarà y, realmente, caen en bolsa rota; son discursos insignificantes y totalmente fuera de contexto; nadie se esfuerza por leerlos ni mucho menos memorizarlos, jamàs sorprenden al lector con una originalidad o con un dato de valor. Sus declaraciones ocupan solo espacio en la pantalla pero jamàs en la mente de algún lector; que las escriba o no, es indiferente, cambia solamente la cantidad de letras tecleadas.
Ninguna crìtica de un criticastro aportarà algo a un tema bajo anàlisis. Su visión se petrifica sobre el escritor y critica su obra solamente por el hecho de que él no la escribió. Sentimientos bajos como la envidia o la calumnia son ingredientes indispensables en su función.




Responder Citando