Si se escapó... no llegó muy lejos el pobre a tenor de la pinta que tenía...
A lo largo de la historia, los artistas, que no intelectuales, muchas veces se las ingeniaban para criticar incluso a aquellos que les daban de comer o les obligaban a hacer obras con las que no estaban de acuerdo.
La idea de crearse una fama a base de provocar el rechazo, la repugnancia, la cólera o cualquier sentimiento visceral en un público que no se para a reconocer la obra de un artista, es relativamente nueva. Antes no se hacía.
La picardía en el uso de simbolismos de los que sí eran verdaderamente listos, contra la zafiedad de los camorristas de ahora, contrasta con la calidad de las obras de aquellos y la de estos.
Hoy en día se suele usar el atentado contra la moral como arma provocadora. Bien contra las creencias religiosas, o contra los principios fundamentales de la gente decente y nos parece listísimo un señor que, o bien mata un perro o hace mofa de la religión o de la familia o de las costumbres más arraigadas o atenta contra lo más sagrado de un pueblo. Es tan fácil como eso.
¿Cuantas películas, libros, obras de teatro no han intentado hacer fortuna amparándose en estos principios transgresores?
Lo que está claro es que un tío que se dedica a provocar, no tiene por qué ser un artista, ni un intelectual ni nada por el estilo. Podría pasar de caradura sinvergüenza a artesano en el momento que demostrara que sabe hacer algo digno de admiración por sus propios medios...¡Mientras!...mientras no es más que otro que busca lo mismo que buscan todos los que no saben hacer otra cosa que hacer ruido para destacar.
El cuadro de Manet "Almuerzo en las flores" fue en su día una obra colosalmente provocadora, pero claro...el cuadro no es una lata rellena de mierda...creo, ni un perro muerto de hambre.
Si uno se fija bien en los detalles, entenderá por qué fue provocador en su momento.






Responder Citando