Por Dios que no se entere Tía Teresa pero yo una vez me fumé un porro, me debieron ver cara de tonto y me vendieron una especie de lechuga seca que no sabía a nada ni hacía nada. ¡Casi me quemo la lengua con aquello para sacarle el dichoso efecto de la risa! Mi cabreo fue monumental.


El alcohol....¡como si fuera agua...!