Mi ingreso a las oficinas del sindicato causó alguna extrañeza, pero siendo mi amigo el tesorero y a la vez jefe de personal, guardaron sus opiniones, la plantilla se componía de 8 secretarias, un secretario, 3 veladores y dos afanadores (un hombre y una mujer), por último, el auxiliar contable de nueva creación, todos nosotros a las órdenes de 8 o 9 funcionarios, tranquilos la mayoría de ellos, eso en cuanto al trato, pero varios tenían como amante a una secretaria o auxiliar, sin que fuera precisamente la que le servía en su oficina. Esto a Ana no le gustó nada, ya que el personal femenino, exceptuando a la señora del aseo, eran en su mayoría jóvenes y bellas, aunque algunas fueran casadas, con el tiempo tuvo que conocerlas de una por una y calmar un poco su desconfianza. Mis compañeras de trabajo, eran todas muy simpáticas, pero las más cercanas Guadalupe y Celina, colaboraron a que me sintiera muy bien en el trabajo, me respetaban mucho, me auxiliaban con los trabajos que había que realizar en la máquina de escribir, formamos un excelente equipo. Guadalupe. Morena, simpática y muy humana, me presentó a quien dijo era su primo, un joven apuesto, que vivía solo en una casa del Fideicomiso , muy sociable, trabajaba en Sicartsa – como casi todos los varones de la población, lo admiré desde ese momento, su casa era discreta, muy limpia y cómoda, con alfombra y una pequeña cantinita que presidía la sala, lo conocía por referencias y porque lo veía diariamente cuando esperaba que pasaran por mí para el trabajo, era muy divertido, contaba los chistes con mucha gracia y tenía un trato cordial, me enteré que era de Guadalajara, -al igual que Lupita- y nos hicimos buenos amigos.