Un argentino va a un acuario en el que puede tener a los peces muy cerca de él tras el cristal que los separa.
En el pasillo ve a un español que hace extranas figuras con el dedo en el cristal, y para su asombro ve que el pez que hay detrás, inmediatamente imita los movimientos de su dedo.
El argentino queda asombrado por la capacidad de aquel hombre de dominar a los animales. Las figuras que hace el español cada vez son más complejas, tanto que el pez se mueve a una velocidad vertiginoso al compás de su dedo.
Como los argentinos son curiosos por naturaleza, y gustan de aprender, se acercó al español y le preguntó:
-¿Cómo consigue que los peces hagan exactamente lo que usted quiere que hagan?-
El español, con serenidad y buen juicio le explicó:
-¡Mente superior domina mente inferior!-
-¡La concha de su madre! ¿Me está tomando por idiota?-
- NO señor- dijo el español, -le hablo totalmente en serio. Es cuestión de concentrarse, mirar al pez fíjamente y trasladarle toda la potencia de nuestra mente para dominarlo. Pruebe si usted quiere, y verá como al rato lo consigue con poco esfuerzo.

El español se fue y el argentino se puso manos a la obra.



...Pasaron treinta minutos y volvió el español a ese pasillo. Vió a aquel señor argentino, totalmente quieto, de pie, con los brazos caidos sobre sus muslos y la nariz pegada al cristal. Abría la boca rítmicamente como para coger y soltar aire. Al otro lado del cristal había un pececillo que se había quedado a observar al señor argentino....

Veo que estás de guardia...


¡¡Buena guardia!!