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Tema: pakasso escritor

  1. #71
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    259

    Predeterminado

    Los compañeros hicieron grupitos para cada fin de semana salir a tomar cervezas al término del primer turno y a veces regresaban a sus casas hasta el día siguiente, no participaba. Estábamos, - Ana y yo-, viviendo en casa de Balta y Chabe, no me pareció correcto y no quise dar motivo para que Ana se enojara conmigo, ya que Chabela seguramente se solidarizaría con ella y mi hermano conmigo, haciéndose un enredo grande.
    La vida en casa de Baltazar era muy sencilla. Chabela era muy simpática y se entendió muy bien con Ana, pero el problema se presentaba a la hora de dormir, como solamente había un cuarto, tendían una cobija para separar su espacio del nuestro, evitaba ser vistos, pero no escuchados, siendo dos parejas jóvenes, era imposible no oír los ruidos involuntarios al hacer el amor, al día siguiente cruzábamos algunas bromas a ese respecto.

    Ana y Chabela iban a lavar a un canal, mi mujer se encontraba muy cerca de dar a luz a nuestro primer hijo, se dejaba llevar por la corriente y vivía, según mi opinión, feliz.
    Llegó el día esperado, me dijo “tengo un dolorcito en el vientre”, nada raro, de cualquier forma la llevé al Seguro Social de Lázaro Cárdenas, entró a consulta y de pronto salió una enfermera con sus ropas y con algún aire de complicidad me dijo “se va a quedar, ya iniciaron los dolores de parto” me puse nervioso, estaba emocionado por la inminente llegada de un hijo, pero me preocupaba el riesgo que esto suponía para ella. Regresé a la casa en Las Guacamayas y comuniqué la noticia a Baltazar y a Chabela, se pusieron contentos. Al día siguiente, acudimos a la clínica y me informaron que ya era padre de un varoncito, pedí verlo y me dijeron que estaba en los cuneros, me dirigí allá y a través de los cristales vi a 9 o 10 niños, entre ellos, a uno que despertó mi atención, era muy bonito y hubiera podido jurar que era el mío, entré al lugar y la enfermera me indicó que ése no era el mío, llevándome a otra cuna, el niño de ahí también era bello pero no tanto como el primero que vi. Fue una emoción muy grande cuando lo abracé con temor, era tan frágil y tierno, me veía fijamente y por fin sonrió, o eso me figuré, regresé a donde Ana, tendida en una cama se veía pálida y cansada, la felicitamos y volvimos a la casa.

  2. #72
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Una vez afianzado en mi trabajo de bombero, recibí la oferta de un vecino que pensaba vender su terreno, nos pareció muy bien, de ese modo podríamos construir nuestra casa junto a la de mi hermano, le dije que si me interesaba, pero que tendría el importe en 15 días. La siguiente semana procuramos ahorrar todo lo posible, con la finalidad de que una vez cerrado el trato, comprar algunos materiales para iniciar la construcción de una casita de madera, pero… Llegó la fecha fijada y fui a ver al vecino, llevaba la cantidad acordada. Lo encontré borracho y me dijo, que el día anterior había vendido el terreno, peo que no me preocupara, que algunos vecinos más lejanos también pensaban vender. Enojado, me dí a la tarea de buscar una casa en renta, la encontré en otra colonia de la misma localidad. Era parte de un pequeño grupo de tres que compartía un amplio terreno en el que había tendederos para ropa, nos cambiamos de inmediato, aunque no teníamos muebles. Ana cocinaba con una pequeña estufa de petróleo, que dejaba las ollas y cazuelas, negras de hollín, .Adquirimos una hamaca para el niño y nosotros seguimos durmiendo en el piso. Con sólo una cobija tendida, pero muy felices, un desconocido nos vendió una conejita que llamaba Dominga y que nos gustaba mucho pero un día de apuro, Ana la cocinó y nos la comimos.

    En el trabajo no había problemas, nuestro capitán gustaba de permanecer despierto cuando nos tocaba el tercer turno, para hacerlo menos aburrido, salíamos del cuartel y hacíamos rondines por los terrenos de la planta, cazábamos conejos, había muchos, y en ocasiones un compañero de Playa Azul se metía a oscuras en un área pantanosa a buscar camarones, que abundaban y preparábamos auténticos banquetes en el cuartel, en una ocasión propuso que fuésemos hasta la playa a buscar huevos de Caguama – muy codiciados-, llevamos cubetas, con la idea de recolectar muchos, amenazaba tormenta, pero lo pasamos por alto, recorrimos tal vez, trescientos metros de playa sin hallar ninguna señal de tortuga o de algún nido, a pesar de que la luna alumbraba muy bien, entonces cambiamos el giro. Sobre la arena se desplazaban grandes cangrejos a los que llaman mollos, nos dimos a la tarea de cazarlos teniendo cuidado de sus fuertes tenazas que pueden romper un guante de carnaza con alguna facilidad, los pisábamos con las botas industriales y los echábamos a las cubetas, hicimos una abundante provisión y al regreso se comisionaron a dos compañeros para que fueran al mercado a comprar los complementos para un buen caldo, trajeron también algunos pescados. Una vez preparado y al olor, se nos unieron los policías industriales –que a veces, nos apoyaban en nuestro trabajo- y fue todo un banquete.

  3. #73
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    05-julio-2007
    Ubicación
    Monterrey, N.L.
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    17.935

    Predeterminado

    por fin terminé de leer toooooodo....
    mis respetos para ti pakasso

    tienes una muy buena descriptiva, es fácil imaginar los lugares, los momentos, la gente...vaya, hasta los aromas!
    estaré al pendiente de tu próximo post.
    saludos!
    No soy rara....soy edición limitada.

  4. #74
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Fue entonces cuando me avisaron que recibí una llamada telefónica de Apatzingán, el Señor Chabolla, un antiguo patrón de mi hermano Cuauhtémoc, me informó muy apenado que mi hermano José Cruz había muerto. ¿Cómo? Pregunté, me dijo “no sabría explicarlo, pero si quieres verlo por última vez debes venir de inmediato”. Informé al Comandante de Bomberos de la situación, solicitando permiso por dos días, me contestó “No hay permisos”, me enfurecí y le dije que entonces considerara mi baja, mis compañeros ofrecieron llamar al sindicato para conseguir el permiso, ya no los escuché y me dirigí a mi casa para informar a mi mujer, se preparó y partimos de inmediato. Cruz era más joven que yo, había tenido una niñez difícil, en una ocasión se cayó de un árbol y en la caída tropezó con un alambre de púas que se usaba como tendedero, el alambre le arrancó un pedazo de carne del pecho y después se golpeó fuertemente contra el piso, como resultado, tartamudeaba, era un muchacho fuerte, robusto de 16 años, practicaba karate y era muy alegre a pesar de las burlas que su tartamudez ocasionaba, era el consentido de mi padre, que le permitía cargar su pistola, aunque nunca supe que la usara, por esta razón suponía que lo habrían matado en un pleito e iba dispuesto a vengarlo, aún sin saber si ése fue el motivo de su deceso. Al llegar a la casa me enteré de la verdad: Tenía una noviecita llamada “Linda”, por alguna razón lo terminó y en un papel arrugado que encontraron en su pantalón, dirigido a ella, le decía que la esperaba en el lugar de costumbre, que si no acudía se iba suicidar y que él no jugaba con eso, seguramente no le creyó. Nadie se dio cuenta de su estado de ánimo, el día domingo, fueron a una tardeada y él se retiró un poco antes que los demás, una vecina que vendía cena le dijo al pasar “Cruz, vente a cenar” le contestó que ya no iba a ser necesario, ella, creyendo que posiblemente había cenado en el centro, no le dio importancia, a los pocos minutos llegaron otros de mis hermanos y al entrar en la huerta escucharon un disparo, creyendo que Cruz lo había realizado en contra de alguien, le gritaron que no disparara nuevamente y entraron corriendo hasta la casa. En el frente de la casa, mi padre había sembrado, hacía algunos años, un eucalipto, que creció hasta ser el árbol más grande de la colonia, la gente le llamaba “el gigante”, sentado al pie de este árbol, encontraron a Cruz, quien en ese momento tenía un brazo colgando sin fuerza, mientras sangraba abundantemente de la cabeza, se había dado un tiro. Mi hermano Anselmo, un año menor que él, corrió a dar aviso a mi papá y lo transportaron en un coche de alquiler al Hospital General, pero fue inútil. La familia de la noviecita, al enterarse de lo ocurrido, huyó de Apatzingán, temerosos de que al ser tantos hermanos, alguno los fuera a agredir. Una vez que lo enterramos, regresamos, Ana y yo, a Lázaro Cárdenas y al trabajo, presenté copia del acta de defunción y no tuve ningún problema.

  5. #75
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Lore, muchas gracias tu comentario renueva mis ánimos, un poco decaídos últimamente

  6. #76
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Tiempo después la empresa avisó al comandante que debería cambiar el cuartel de posición, nos asignaron algunas instalaciones que había dejado una compañía constructora, muy cerca del muelle, pero dentro de los límites de Sicartsa, ahí había canales de agua en los que encontré algunos camarones y entre los desechos abandonados algunos tubos delgados de un material plástico muy resistente, con uno de ellos, improvisé una caña de pescar y al terminar el tercer turno, a las siete de la mañana, caminaba por el muelle desierto, con una cuerda de pescar muy delgada y un anzuelo pequeño, al que ponía de carnada, pedacitos de camarón, lo deslizaba por la superficie del agua formando una rayita, de pronto se sacudía, era que algunos peces llamados “Jurel” se prendían del anzuelo. Diariamente pescaba 20 o más de ellos. Ana los preparó con sal y los puso a secar en un tendedero, por la noche se metieron los burros y se los comieron. Fue necesario reforzar la cerca para que no volviera a ocurrir,

  7. #77
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Por ese tiempo regresé a México de visita. Con orgullo invité a Ana a comer a “Súper Leche”, entramos y buscamos una mesa, las excompañeras se arrimaban a conocer a mi mujer y a mi niño pequeñito, de pronto, algunas me pidieron que las acompañara a la cocina, para enseñarme los cambios que se habían realizado. Era un pretexto, para decirme, en confianza, que Carolina había regresado a buscarme, que cuando desapareció de mi vida, había ido a Guatemala a visitar a su familia y se quedó por allá mucho tiempo. Lo más impactante de esa conversación fue enterarme que regresó con una niña en brazos, la cual, les contó, era mía. Encajé el impacto que me causó y regresé a mi mesa como si nada, comimos y me despedí. Nunca más volví a ese lugar, que se derrumbó totalmente con el terremoto de 1985, que arrasó la ciudad de México.
    En el trabajo las cosas seguían tensas, el capitán a quien corregí en mi primera clase de técnicas de combate de incendio no olvidaba la “humillación” ideo una nueva forma de divertirse a nuestra costa, adquirió guantes de boxeo y nos canjeaba la hora de educación física por encuentros entre nosotros mismo, hicimos algunos favoritos y nos divertíamos viendo como se pegaban unos y otros, todo bien pero un día enfocó su atención en mí, me dijo “secretario –un apodo que me duró mucho tiempo- ahora tú debes ponerte los guantes contra Rutilio –otro compañero- flaquito, como yo, moreno, de pelo chino, originario de el estado de Guerrero, Me negué argumentando que no me gustaba recibir golpes –darlos por supuesto que sí-, que se me olvida que era un juego y respondía golpeando en serio, No importa, me dijo, es sólo deporte, nuevamente me negué pero el compañero, tal vez sintiéndose seguro de sí mismo me retó diciéndome “No te preocupes, después del round no habrá rencores” así que me vi obligado a ponerme los guantes en su contra, no podría narrar los detalles del combate, solo recuerdo muy bien que de pronto nos pegábamos lo más fuerte posible y nos separaron, Rutilo sangraba por la nariz y yo no podía ver por un ojo. El capitán, contento me dijo “ya vez, no pasa nada y es muy divertido”, me puse furioso y le dije “póngase los guantes conmigo, vamos a divertir a los demás” se negó rotundamente, lo que atribuí a temor, durante un buen tiempo, hasta que me enteré que era karateka y su código ético se lo impedía.

  8. #78
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    25-diciembre-2008
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    Predeterminado

    Cita Iniciado por pakasso Ver Mensaje
    Lore, muchas gracias tu comentario renueva mis ánimos, un poco decaídos últimamente

    Que no decaiga Pakasso, siga escribiendo, continúo leyéndole...

    .
    No me tientes que si nos tentamos no nos podremos olvidar... Benedetti

    http://www.elforo.com/image.php?type=sigpic&userid=37119&dateline=144212  4804

    ***

  9. #79
    Fecha de Ingreso
    24-mayo-2009
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    Predeterminado

    Sucedieron muchas más aventuras en el cumplimiento de mi trabajo.
    La motobomba era custodiada por un bombero en cada turno, que estaba al pendiente de los llamados por radio y que a la primera señal de emergencia, hacía sonar la sirena, a ese sonido, debíamos concentrarnos de inmediato en ella para acudir al área solicitante, pero no faltaban las bromas chuscas, por ejemplo: se recibía un llamado “Rojo uno –nuestra clave- Rojo Uno para móvil cinco, se requiere su presencia urgentemente en la puerta del muelle, se ha incendiado el mar”, lógicamente estas llamadas estaban prohibidas, pero usaban claves falsas, mientras, en nuestro cuartel, había sonado la señal y corríamos todos, dejando atrás todo, a veces los alimentos recién ordenados y servidos. Pero eran los gajes del oficio, sufríamos pequeñas quemaduras, nos exponíamos a gases tóxicos, calor abundante, áreas polvosas choques eléctricos, explosiones y a todos los riesgos de esta profesión, pero a cambio, tuvimos la oportunidad de conocer todas las áreas de la planta, la ubicación de los muchos y variados extinguidores, - a los que revisábamos periódica y rigurosamente, los túneles y escaleras que muchos no conocían, y sobre todo, el grado de riesgo de cada área, de acuerdo a sus contenidos y productos finales. Laboré como bombero durante tres años y medio, los compañeros me nombraron Delegado de Ajustes, puesto sindical que no aportaba nada, además de problemas ajenos, los compañeros no cuidaban su trabajo y acudían al delegado de ajustes para buscar soluciones. Un caso que ejemplifica esto es el siguiente: Zamora se presentó ebrio al trabajo, le dije que ese era un motivo suficiente de despido y me contestó “ya tengo tres faltas, una más y automáticamente estoy dado de baja”, que irresponsabilidad, ¿que puedo hacer por ti? Tú solo te estás corriendo, nueva respuesta, pues, sólo tú puedes hacer algo, para eso eres el Delegado de Ajustes. Hice un último intento, hablé con el capitán y le expliqué la situación, solicitándole que considerara canjear ese día por el de descanso, que le tocaba al siguiente día. Zamora era un buen bombero, valiente, audaz, obediente y muy capaz, razones por las cuales el capitán accedió, lo envió de regreso a su casa, advirtiéndole que no toleraría otro error, sin embargo Zamora lo tomó como algo personal y reaccionó negativamente, habló tonterías en contra del capitá y apenas una semana después fue dado de baja del grupo, decidí renunciar a ese puesto sindical.

  10. #80
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    24-mayo-2009
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    En la colonia donde vivíamos “El Campamento Obrero” de Las Guacamayas, la delincuencia era muy alta, los vecinos de las dos casas pegadas a la que ocupábamos se fueron y por las noches, los malandrines se metieron y robaron lo poco que se pudo, los contactos eléctricos, el cableado y el aluminio de las ventanas, alarmando a Ana. Mi compadre, el padrino de mi hijo, nos ofreció su pistola y Ana se quedaba con ella, cada vez que me tocaba el tercer turno. Después de toda la noche sin dormir, el autobús de la empresa, nos repartía por las colonias de Las Guacamayas, pasando a un costado del Campamento Obrero, subía a la colonia Aníbal Ponce y daba la vuelta por el Campamento Obrero, pasando frente a la puerta de la casa. Ana estaba al pendiente, sabiendo que ya para llegar, me dormía en el camión, por lo que ella lo detenía y pedía que me despertaran.

    Una mañana, al regresar, me encontré con gente que miraba hacia la casa, alarmado le pregunté a Ana qué había sucedido. Me comentó que intentaron meterse a nuestra casa y les disparó a través de la puerta, al amanecer se supo que acertó en una pierna a un malandrín que se encontraba hospitalizado. Consulté con algunas personas ¿que debería hacer? y me aconsejaron que me cambiara a vivir a otro rumbo, no lo pensé y me di a la tarea de buscar otra casa en renta. Lázaro Cárdenas fue durante un buen tiempo un pueblo de hombres solos, la mayoría de su población inicial éramos jóvenes que veníamos de diversas regiones del país, atraídos por el trabajo; durante la construcción de la Siderúrgica se emplearon miles de obreros y al arranque tenía 5.000 trabajadores sindicalizados y unos 1,500 de empleados de confianza. La demanda de vivienda fue enorme, el Infonavit construyó un conjunto habitacional de 712 casa de interés social, para otorgar, mediante sorteo, a los solicitantes, pero como la población era flotante, cuando estuvieron listas para entrega, los solicitantes en su gran mayoría habían emigrado. No había hecho solicitud, pero me urgía una casa, así que me presenté a la oficina y habiendo cumplido con los requisitos, decidieron asignarme una vivienda chica, completamente nueva con los servicios básicos y hasta un calentador de agua, que en esta región salió sobrando. Elegí una de cinco y nos cambiamos a vivir a Lázaro Cárdenas, más cerca de mi trabajo y con servicio urbano regular. En esto coincidimos con algunos compañeros de trabajo, desgraciadamente también el capitán con el que tenía problemas consiguió casa en la misma calle.

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