Por desgracia para que haya violencia se necesitan dos personas, victima y verdugo.

Como bien dicen, si me pegas una vez es tu culpa, si me pegas dos veces es mia.

La victima suele caer en tal estado de panico, dependencia e inseguridad que me imagino desarrolla un sindrome de Estocolmo para con su agresor. Incluso cuando se les dan opciones de salida, de denuncia y seguridad, el miedo les paraliza.

Idealizan al agresor como un ser invencible que siempre va dos pasos por delante de ellos y que cualquier medida que tomen sera insuficiente, incluso llega a tal grado la distorsiond e la realidad que sienten que entre mas se les agrede mas se les quiere.

Es muy complejo esto de la violencia de genero e intrafamiliar.