Elizabet,
decir que “los mandamientos de Jesús
son prueba de que él es Dios”
es como decir que un embajador es el rey
porque transmite sus órdenes.
Jesús dijo:
“Mi enseñanza no es mía,
sino del que me envió” (Juan 7:16).
También dijo:
“El Padre que me envió,
él me dio mandamiento de
lo de lo que he de decir
y de lo que he de hablar” (Juan 12:49).
¿Entonces los mandamientos que enseñó
son suyos… o del Padre que lo envió?
Jesús no vino a inventar mandamientos nuevos,
vino a cumplir y enseñar los del Padre.
Por eso dice:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15),
porque él recibió esos mandamientos de Dios.
Y si Jesús fuera Dios mismo,
¿por qué diría:
“El Padre es mayor que yo” (Juan 14:28)?
¿Por qué oraría a Dios? ¿Por qué diría:
“A mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17)?
Los verdaderos mandamientos son de Dios, sí.
Y Jesús los enseñó como su Hijo obediente,
no como su propio autor.
Confundir autoridad delegada con identidad divina
es como confundir al mensajero con el remitente.
Jesús es el Hijo de Dios,
no Dios disfrazado de hombre.

