La anatomía del amor
Todo comienza en el lugar
donde las varitas mágicas pierden su brillo
y se convierten en bisturís:
en el amor de Campanilla ya desnuda,
lejos del polvo de estrellas.
Primero peinar las canas, arrodillarse,
trazar con la hoja afilada cuatro líneas
— con ribetes rojos, sin llegar a sangrar-
que dibujan una casa brillante sobre el vientre de él
— sin sentir dolor, sin llegar a la dermis-
una casa donde vivir.
Después el trabajo más duro de abrir el esternón y lograr
que la sutura caiga perpetua
con cada latido de él hasta
otro hemisferio, río negro, niñez de ella.
Abrir el pecho,
separar cada músculo mirando a los discípulos
a los árboles a lo que sale
y esperar a que el verano lo termine todo en huesos secos
y después quebrados
dejando ver el corazón
la piedra y esperar
en el gesto de cogerlo
con manos pequeñas
expertas en la distancia
de los trazos que jamás se unen
RAÚL MORALES GARCÍA
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