Con el gesto descansado
la mirada hecha reflejo
el pensamiento apagado
y en el abrigo el consejo,
caminas a otra aventura
sin ver ningún horizonte
mas sabiéndote segura
y en ti misma polizonte.

El daño que te ha inferido
ese amor que no lo era
que sin morir ha partido
de tu aliento y de tu vera
agitó como alimaña
la pasión que tú entregaste,
matando aquella mañana
en la cual te enamoraste.

Y ahora que no confías
porque ya confiar no ayuda
pues ha pintado tus días
de la más terrible duda
miras sin saber mirar
aunque miras adelante
sintiendo al frío quemar
sin piedad a tu semblante.

Y ves tu cara doliente
arrugarse sin mesura
deseando ser durmiente
de la que es tu noche oscura;
mas tu cuerpo pide lucha
purificarse de nuevo
hacer de la brisa ducha
que a ese amor dé su relevo.

Y tu fuerza es tu esperanza
y la pasión de tu fuego
serán los que sin tardanza
harán realidad tu ruego;
y cual fénix surgirás
y será tu risa el suero
del que amor nacerá
en el más dulce te quiero.



















Mía.