Irreflexiones de un sapo:
Nacer batracio no es ninguna milonga.La ranita suelta los huevos y al cabo de un tiempo salen renacuajitos que parecen espermatozoides.Yo conocí un sapo al que besé pensando que se convertiría en mariposa y el muy imbécil se hizo príncipe.
Odio la monarquía,no es más que una sucesión braguetera perpetuada y eso sin contar con los doscientos bastardos que comen a costa del españolito de a pie,así que al principito que no era el de Saint-Exupery le mandé a tomar vientos.
Tendría que haber reflexionado...tal vez me habría convenido ser princesa...pero con tanta cafeína no estaba yo para darle a la mollera