Por los pecadores intercedió (Is. 53:12).


Jehová le pidió a Abrahán
que sacrificara a su propio hijo Isaac.

Seguro que a Abrahán esa petición
le pareció increíblemente dolorosa.
Aun así, estuvo dispuesto a obedecer.

Cuando estaba a punto de hacerlo,
Jehová lo detuvo.

Pero su ejemplo les enseña algo
muy importante a todas las personas de fe:
Jehová estaría dispuesto a sacrificar a
su querido Hijo por el inmenso amor
que les tiene a los seres humanos (Gén. 22:1-18).

Siglos después, cuando Jehová
les dio la Ley a los israelitas, les dijo que tenían
que sacrificar animales para que sus pecados
fueran perdonados (Lev. 4:27-29; 17:11).

Esos sacrificios mostraron que Jehová
ofrecería un sacrificio que sería mucho
mejor porque salvaría por completo
a los seres humanos del pecado.

Dios hizo que los profetas explicaran
que la Descendencia prometida
—que resultó ser el Hijo unigénito
de Dios— tendría que sufrir y morir
para salvar del pecado y la muerte
a todos los seres humanos,
incluido usted (Is. 53:1-12).