Yo y el Padre somos uno”’. (Juan 10:30.)
“Padre santo, vigílalos [a sus discípulos]
para que ellos sean uno
así como nosotros somos uno”. (Juan 17:11, 22.)
Por eso, la unidad del Padre y el Hijo
es igual a la unidad que existe entre
los verdaderos seguidores de Cristo:
una armonía de propósito y cooperación




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