Ellos lo vieron durante 40 días (Hech. 1:3).
Es el 16 de nisán del año 33,
y los discípulos de Jesús se sienten descorazonados y
paralizados del miedo.
Dos de ellos parten de Jerusalén hacia Emaús.
Un desconocido se les acerca y se pone a
caminar con ellos.
Los discípulos le cuentan lo tristes y
decepcionados que están por todo lo que le ha pasado
a Jesús.
Luego tienen una conversación que les
cambiaría la vida. “Empezando por Moisés
y todos los Profetas”, el desconocido les explica
por qué tuvo que sufrir y morir el Mesías.
Cuando los tres llegan a Emaús, los
discípulos se dan cuenta de que en realidad
ese hombre es Jesús resucitado (Luc. 24:13-35).
Jesús se les apareció a sus discípulos muchas
veces durante los últimos 40 días que estuvo
en la Tierra. Él los animó, y, como resultado,
ellos dejaron de estar tristes y asustados,
y se llenaron de alegría, confianza y
valor para predicar y enseñar el mensaje del Reino
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)