Dios amó tanto al mundo que entregó a
su Hijo unigénito para que nadie que
demuestre tener fe en él sea destruido,
sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).
A Jesús lo traicionaron, lo arrestaron,
lo insultaron, lo calumniaron, lo condenaron y
hasta lo torturaron. Por último,
unos soldados lo clavaron a un madero para
ejecutarlo. Jesús aguantó fielmente todo ese
sufrimiento, y a Jehová le dolió todavía más
ver lo que le estaba pasando.
Aunque su poder es infinito, decidió no intervenir. ¿Por qué? Por amor. El sacrificio de Jesús es la mayor prueba de lo mucho que Jehová lo ama a usted.
¿No le impresiona pensar en todo lo que
Dios estuvo dispuesto a sacrificar y
a sufrir para salvarlo del pecado y la muerte?
(1 Juan 4:9, 10). Él quiere ayudarnos a todos
y cada uno de nosotros a luchar contra
el pecado y vencerlo.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)