Romanos 14:4 dice:
“¿Quién eres tú para juzgar al sirviente de otro?
ROMANOS 2:1
Así que, si tú juzgas,
quienquiera que seas,
no tienes excusa;
porque, cuando juzgas a otro,
te condenas a ti mismo,
ya que tú, que juzgas,
haces las mismas cosas.
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, se os medirá.
…Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano.”
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)
No juzgas, pero juzgas. Es más, te juzgas a ti mismo, y te encuentra tan santo, que chillas que las palabras de Jesús no son para ti"
Y juzgas a los demás que según tu "no son como tu".
Pues es precisamente eso lo que Jesús apunta con la parábola del fariseo: parábola que te disgusta, porque te retrata de cuerpo entero.
No, no, chillas, esas palabras no son para mi, porque yo soy justo, no como tú, que eres ateo.
HIPOCRITA. Esa es la descripción que mejor se ajusta a tu persona.
Jamás comprenderás la inmensidad de La Nada.