Llevaba meses posponiendo la ruta de mis sueños porque, a las dos horas de subirme a la moto, mi espalda y mis lumbares decían 'basta'. El asiento original de mi moto de carretera parecía diseñado para una tortura medieval, no para disfrutar del asfalto.Me decidí a llamar a los especialistas y el cambio fue de otro planeta. Vinieron a casa, se llevaronlos asientos de moto y sustituyeron ese espumado rígido de fábrica por espuma viscoelástica de alta densidad. Cuando me lo devolvieron, la sensación fue como estrenar moto: ahora el asiento se adapta a mí, no yo a él. Ya no hay puntos de presión ni fatiga; solo kilómetros de puro confort. Si amas tu moto pero odias su asiento, este es el siguiente nivel.