A Roberto se le olvida que
El cristiano verdadero no se engrandece
por predicar ni lo está anunciando todo el tiempo.
La predicación se hace con humildad,
no para exhibirse ni advertir a otros de
“lo que uno hace”.
Hacerlo para lucirse va en contra
de lo que Jesús advirtió.
Además, predicar es una obligación,
no un mérito especial.
No es nada extraordinario
ni motivo de jactancia,
porque es un encargo que
se nos ha dado.
Anunciamos el Reino porque
Jesucristo lo mandó,
no para engrandecernos.

Iniciado por
KIMO
Mateo 6:1
“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres,
para ser vistos por ellos;
de otra manera no tendréis recompensa
de vuestro Padre que está en los cielos.”
Este texto no admite excepción:
si la obra se hace para ser vista,
pierde valor delante de Dios.
Acusar a otros de tener una “religión falsa”
no es practicar el evangelio,
y la Biblia lo muestra con claridad,
especialmente en las palabras y el ejemplo de Jesús.
El evangelio no se predica acusando
Jesús no vino a condenar
Juan 3:17
“Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para que el mundo
sea salvo por él.”
El espíritu del evangelio es salvación, no acusación.
Jesús prohibió juzgar con superioridad
Mateo 7:1–5
“No juzguéis, para que no seáis juzgados…
¿Cómo dices a tu hermano:
‘Déjame sacar la paja de tu ojo’…?”
Declarar “tu religión es falsa” es ponerse como juez.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)