
Iniciado por
tomas0402
Recuerdo que en cierta ocasión, y de esto hace ya muchos años, un compañero de trabajo y amigo, dio una entrada para comprar un piso con el fin de casarse. Por aquel entonces se compraba sobre planos, avalados por carteles colocados sobre algún terreno, que decían: «PROPIEDAD DE LA CONSTRUCTORA X».
En mis registros de memoria ha quedado marcado como extremadamente doloroso ver la cara de angustia de mi compañero y amigo cuando se enteró por la prensa que la venta de pisos por la CONSTRUCTORA X era una estafa. Él había entregado como señal sus ahorros y los de su novia.
“Yo soy yo y mis circunstancias”, dijo mi compatriota el filosofo José Ortega y Gasset. En cuanto a mí, acertó. Al ser compañeros de trabajo y vernos todos los días, nos condujo a compartir durante mucho tiempo la amargura de verte estafado. Solamente pude hacer por mi amigo el escuchar, un día si y otro también, sus reproches a si mismo de no haberse enterado más sobre aquella CONSTRUCTORA X.
No soy una persona altruista. Pero aquel hecho me condicionó bastante en mi hacer diario. Odio a los tramposos y tahúres. No soporto el engaño. Y me produce alergia todo aquello que carece de evidencia que muestre su realidad.
Y por enésima vez me siento con la obligación de avisar:
El Cristianismo es un fraude. Todo cristiano que se interese por la verdad de su creencia, y se vuelva a plantear la credibilidad de las historias que le contaron en su niñez, tiene muchas posibilidades de que él mismo se cuestione su fe.