Entonces, como dices tu Dios acepto ese sacrificio
y rechazo el otro. Caín y Abel.
El apóstol Pablo escribió a los cristianos de Roma:
“Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, acepto a Dios,
un servicio sagrado con su facultad de raciocinio” (Rom. 12:1).
Otro sacrificio que Jehová recibe con gusto tiene que ver con la facultad del habla.
Así es, las personas que aman a Dios siempre hablan bien de él, dentro y fuera de casa (léase Salmo 34:1-3).
Al leer los Salmos 148 a 150, observamos con cuánta frecuencia se nos invita a alabarlo.
No hay duda: “la alabanza [a Jehová] es propia”, siempre y cuando venga “de parte de los rectos” (Sal. 33:1).
Una excelente manera de glorificar a nuestro Padre celestial
es participando en la predicación de las buenas nuevas,
obra a la que concedió gran importancia Jesús, nuestro Modelo (Luc. 4:18, 43, 44).
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)