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Y dentro de poco harán biblias que nos hablen de átomos y energía nuclear jajajaja
El lenguaje de la Iglesia ha de adaptarse a los tiempos de consumo inmediato si quiere ser oída y entendida por todos, especialmente por las generaciones más jóvenes. Las expresiones que hoy trasmiten, mañana pueden quedarse obsoletas. Adaptar el lenguaje no es traicionar el mensaje sino utilizar los medios apropiados y propicios para que el mensaje llegue a la gente de hoy. Aunque Cristo y su mensaje sean inmortales, los sistemas y las maneras de hablar de ellos pasan de moda, perecen, son efímeras. El cristianismo es el seguimiento de una persona que enseñó cosas que sus seguidores han de aprender. Cuanto más efímero es lo que una generación hace, más se orienta por la moda que satisface de manera diferente en cada momento y en cada lugar las necesidades perentorias del hombre. El lenguaje es creatividad, artesanía pura, antropología y ciencia. Hasta no hace mucho tiempo, los teólogos no consideraban digna de atención la religiosidad popular. La religiosidad popular es una forma de ponerse en contacto, de acercarse a lo sagrado, al misterio, a lo absoluto, a lo inesperado, a Dios. La religiosidad popular, como casi todo lo popular, siempre tuvo en cuenta la inteligencia sensitiva que ahora está tan de moda. En buena medida, su puesta en valor se debe a la antropología. La predicación, las ceremonias y las celebraciones deben tener en cuenta el cine, la literatura, el teatro, la crónica política. Como dice Hamlet: los cómicos "son el compendio y breve crónica de los tiempos".
El mensaje no cambia pero las traducciones, las teologías son, por naturaleza, transitorias, flexibles y han de ser fluidas para que entren bien por el oído a los fieles. La teología ha de presentar a Jesús al hombre de su tiempo de manera novedosa, atrayente, seria y entretenida, atractiva y comprometida. El texto en sí es una abstracción, aun el texto sagrado. Dios habló a los hombres de un tiempo en su lenguaje que hay que interpretar para cada momento, que no existe fuera de la lectura. A veces, la teología (cristiana) tendrá que romper las reglas de la diplomacia; quien quiere quedar bien con todos, quedará mal con unos y con otros. La teología no puede pasar de puntillas sobre la degradación ética, política, intelectual de nuestros días.
Manuel Mandianes es antropólogo del CSIC, escritor y teólogo. Autor del blog: diario nihilista. Su último libro es Viaxe sen retorno.
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