El Cristianismo tiene como base el Antiguo Testamento.
Los escribas cristianos, bastantes años después de perder a su líder, buscaron y rebuscaron en el Antiguo Testamento profecías para aplicarlas al tal Jesús crucificado por los romanos.

En el AT había profecías sobre varios personajes, pero esos personajes eran muy distintos entre sí. El Mesías era un triunfador; muy distinto al siervo y al esclavo y…

No pasa nada. Lo mezclamos todo y decimos: “sucedió esto, para que se cumpliera lo escrito por los profetas”.
Y todos tan convencidos.

¿Ha buscado usted, lector, dónde está escrito en el AT lo que citan los evangelistas? No ¿Verdad? Porque resulta muy difícil. Ellos no dan demasiadas pistas.

Pero, en la mayoría de los casos, sí existen profecías; pero nada tiene que ver con Jesús. Se refieren a otras personas.

Ahí reside el mayor fraude de los evangelios. Hicieron que Jesús suplantara a personajes citados por los profetas, para lo cual omitieron los versículos que no les convenía.

Intentaré demostrarles (en días sucesivos) lo que digo. “Obras son amores, y no buenas razones”.