Siempre lo he consentido y lo reafirmo: nadie, ni menos un fariseo como tú, tiene derecho a meterse en camas ajenas.
Pero tú has afirmado que yo practico la abominación, de lo cual deduzco que tu subconsciente revela tu deseo de engullir mi miembro viril.
No permitas que el subconsciente de ponga en evidencia.





Responder Citando
