KIMO
La salvación eterna solo es posible a través del sacrificio redentor de Cristo.
¿Por qué? La Biblia explica que cuando Adán pecó
‘se vendió’ a sí mismo al pecado y vendió también a todos sus futuros descendientes, entre ellos, nosotros.

Por ello, la humanidad necesitaba un rescate
que le hiciera posible abrigar una esperanza legítima
(Romanos 5:14,*15; 7:14).
Los sacrificios animales bajo la Ley mosaica
prefiguraron el rescate que Dios suministraría para toda la humanidad
(Hebreos 10:1-10; 1*Juan 2:2).

El sacrificio de Jesús
cumplió aquellos cuadros proféticos.

El ángel de Jehová anunció antes del nacimiento de Jesús:
“Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21; Hebreos 2:10).



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Es errónea la interpretación religiosa que dice Dios mandó sacrificios para el perdón de los pecados hasta que vino Jesucristo. Esa interpretación dice que Él murió ofreciéndose a sí mismo para que nuestros pecados fueran perdonados y así no tuviéramos que ofrecer más sacrificios. Pero es un error interpretar las cosas así por varias razones.

Por un lado, lo que muchos dicen que son sacrificios ordenados por Dios son leyes injustas que nada costaban a los que tenían muchas posesiones pero eran grandes sacrificios para aquellos que eran pobres y tenían muy poco para sobrevivir. Esas leyes injustas, tan fáciles para unos y tan difíciles para otros no fueron dadas por Dios, porque Dios no es injusto.

Por otro lado, eso de que Jesús muriera para que fueran perdonados los pecados de los hombres, no coincide con las enseñanzas de Jesús, pues el perdón no lo obtienen los hombres sólo por el hecho de morir Jesús en la cruz porque, después de que Jesús muriera en la cruz ¿cómo iban a ser perdonados los que no se arrepintieron del mal hicieron? El perdón de los pecados lo obtienen los hombres cuando se arrepienten del mal que han hecho y cuando perdonan a sus hermanos, pues así lo enseñó Jesús:

"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14-15)

"¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". (Mateo 18:33-35)

"Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". (Marcos 11:25)

"No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir". (Lucas 6:37-38)

"Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". (Marcos 11:26)

Ya veis que los hombres reciben el perdón de sus pecados cuando ellos perdonan también a sus hermanos. Y también reciben los hombres el perdón de los pecados y el reino de Dios por sus obras de misericordia, por sus buenos frutos: