En realidad me he limitado a leer y transcribir un pasaje de la Biblia; en concreto el relatado en Jueces 11:30-40.
He hecho el comentario que me repugna Jefté, por ofrecer el sacrificio de una persona a cambio de una victoria. Y que me repugna Jehová, por admitir esa promesa, concediendo la victoria.
Yo no tengo la culpa de que en esta historia ambos personajes resulten repugnantes.
Luego Eli, después de un saludo de los “suyos”, dice que he dicho una cosa ridícula, pues Jefté no sacrificó a su hija. ¿Alguien me aclara esto?
La Verdad nos hará libres.