Los enemigos religiosos presentaron contra los cristianos la falsa acusación de que devoraban a niños de tierna edad. Durante la tortura y ejecución de algunos cristianos, una joven llamada Biblias respondió a la falsa acusación, diciendo: “¿Cómo puede ser que nosotros devoremos a niños de tierna edad... nosotros, a quienes no*nos es lícito comer la sangre de bestias?”
Falsas acusaciones similares hicieron que el teólogo latino primitivo Tertuliano (c.*160-230*E.C.) señalara que aunque los romanos por lo común bebían sangre, los cristianos ciertamente no*hacían aquello. Escribe él:
“Que sus costumbres contranaturales se sonrojen de vergüenza ante los cristianos. Nosotros ni*siquiera tenemos la sangre de animales en nuestras comidas, porque éstas consisten de alimento ordinario.*.*.*. En los juicios de los cristianos ustedes les ofrecen embutidos llenos de sangre. Por supuesto, ustedes están convencidos de que la misma cosa con la cual tratan de hacer que se desvíen del camino correcto es ilícita para ellos. Entonces, ¿cómo sucede que, cuando están seguros de que ellos se estremecen ante la sangre de un animal, creen que se pondrán a jadear ansiosamente tras sangre humana?”8
Además, refiriéndose al decreto de Hechos 15:28, 29, dice: “Entenderemos que el decreto prohibitorio sobre ‘la sangre’ es mucho mayor [decreto prohibitorio] sobre la sangre humana.”9
Minucio Félix, un abogado romano que vivió hasta aproximadamente 250*E.C., dice lo mismo, cuando escribe: “Tanto nos retraemos de la sangre humana, que en nuestro alimento no*usamos sangre ni*de animales comestibles.”10
Tan abundante y clara es la evidencia histórica, que el obispo John Kaye (1783-1853) pudo declarar categóricamente: “Los cristianos primitivos cumplieron escrupulosamente con el decreto que pronunciaron los apóstoles en Jerusalén, pues se abstuvieron de cosas estranguladas y de sangre.”11