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Desde el punto de vista clínico, algunas investigaciones sugieren que los individuos que tienen experiencias extrasensoriales pueden ser más saludables psíquicamente que quienes no las tienen. Por ejemplo, las experiencias extrasensoriales pueden estar asociadas con afectividad positiva (Greeley, 1975; Haraldsson & Houtkooper, 1991) y con un sentido de significado de la vida (Kennedy & Kanthamani, 1995; Kennedy, Kanthamani & Palmer, 1994).