Cuando da consejo acerca del matrimonio y la soltería, dice:
“Pero a los demás digo —sí, yo, no el Señor—[...]”. De nuevo:
“Ahora bien, respecto a vírgenes
no tengo mandamiento del Señor, pero doy mi opinión”.

Y finalmente, declara sobre la mujer que se queda viuda:
“Pero es más feliz si permanece como está, según mi opinión.
Ciertamente pienso que yo también tengo el espíritu de Dios”.
(1Co 7:12, 25, 40.)

Pablo debió hacer estas declaraciones porque
no había ninguna enseñanza directa del Señor Jesús a ese respecto.
De ahí que diese su opinión personal como apóstol lleno de espíritu.
Sin embargo, su consejo fue “insuflado por Dios” y por eso llegó
a formar parte de las Sagradas Escrituras, teniendo la misma
autoridad que el resto de dichas Escrituras.