claro que los combatieron, pues vivían en la inmoralidad. Eran los que asumían haber conocido a Dios. Sin embargo el apóstol Juan dice que los tales son mentirosos, pues, "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso" (1 Juan 2.4).
Los gnósticos pretendían vivir más allá del bien y el mal. Esta altanería es nuevamente reprendida por el apóstol Juan.
"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros"
Los gnósticos se consideraban iluminados , superiores a otros, inclusive a los otros creyentes que no disfrutaban del gnosis selecto.
Los otros creyentes no alcanzaban la iluminación porque eran más carnales, menos capaces para lo que se había de discernir espiritualmente. Ante tal pretensión el apóstol Juan les dice:
"El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas" .
El rechazo que aquellos profesaban para quienes no eran "iluminados" denotaba su condición: andaban en la oscuridad. Porque la prueba apostólica de la comunión con Dios era el amor manifestado del uno para el otro entre los creyentes.
Juan da el golpe final a las pretensiones de los gnósticos con la prueba crucial del conocimiento (o gnosis) de Dios. "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4.8).
Juan es concluyente al respecto: El que tiene amor ha conocido a Dios.
Los gnósticos que se apartaron más directamente de la doctrina apostólica, en aquel tiempo, aparentemente salieron de las iglesias cristianas ortodoxas y formaron otras comunidades aparte para practicar la novedad de las experiencias místicas.
Por eso Juan dice: "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros" (2.19).
Te hablan Leobetteto...![]()
Sin embargo a los que se quedaron, Juan los amonesta a que guarden el sencillo mensaje que recibieron desde el principio (2.24); y que no se afanen por conocimientos profundos o secretos. "Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él" (2.27).





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