Si crees en el evangelio,
no niegues lo que en él está escrito.
Los cristianos no justifican a los que llevan
la espada para matar a los hombres
2 Cor. 10:3, 4: “Aunque andamos en la carne,
no guerreamos según lo que somos en la carne.
Porque las armas de nuestro guerrear
no son carnales, sino poderosas por Dios
para derrumbar cosas fuertemente atrincheradas.”
Pablo menciona aquí que él nunca
recurrió a armas carnales —como el engaño,
el lenguaje altisonante ni armas literales—
para proteger de enseñanzas falsas a la congregación.
Mat. 26:52: “Le dijo Jesús:
‘Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que
toman la espada, perecerán por la espada.’”
¿Pudiera haber habido alguna razón superior
por la cual pelear que la de proteger al Hijo de Dios?
Sin embargo, Jesús indicó aquí que
aquellos discípulos no habían
de recurrir a armas de guerrear físico.
¿Qué textos bíblicos han influido siempre
en la actitud de los cristianos verdaderos
respecto a implicarse en cuestiones
y actividades políticas?
Juan 17:16: “Ellos no son parte del mundo,
así como yo [Jesús] no soy parte del mundo.”
Juan 6:15: “Jesús, conociendo que [los judíos] estaban a punto de venir y prenderlo para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.” Más tarde dijo al gobernador romano: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. (Juan 18:36.)
Sant. 4:4: “Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios.”
¿Por qué es tan serio el asunto?
Porque, como dice 1 Juan 5:19:
“El mundo entero está yaciendo en el poder del inicuo”.
En Juan 14:30 Jesús se refirió a Satanás como
“el gobernante del mundo”. Por eso, sin importar
qué facción de este mundo alguien apoyara,
¿bajo el control de quién, realmente, llegaría a estar?
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LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)