misericordia

Jesús predijo para nuestro día esta obra:
“Estas buenas nuevas del reino
se predicarán en toda la tierra habitada
para testimonio a todas las naciones;
y entonces vendrá el fin”.

También dio esta instrucción a sus seguidores:
“Vayan y hagan discípulos
de gente de todas las naciones”.
(Mat. 24:14; 28:19.)


Cuando Jesús dio a sus primeros discípulos
la instrucción de que efectuaran esta obra, no dijo
sencillamente a cada uno que fuera a donde deseara
y que compartiera con otros su fe de la manera que prefiriera.
Los adiestró, les dio instrucciones
y los envió de manera organizada.


Heb. 10:24, 25: “Considerémonos unos a otros
para incitarnos al amor
y a las obras excelentes,
no abandonando el reunirnos,
como algunos tienen por costumbre,
sino animándonos unos a otros,
y tanto más al contemplar ustedes
que el día va acercándose.”


¿Pero a dónde se dirigiría a las personas
que se interesaran en la Biblia para que pudieran
obedecer este mandato, si no hubiera ninguna
organización que celebrara con regularidad
reuniones en las cuales pudieran congregarse?