
Iniciado por
KIMO
Jesus dijo ESTA ESCRITO
NO SE TRATABA DEL EVANGELIO----
este no estuvo escrito cuando Jesus uso la biblia
para enseñar...
ENTONCES...
JESÚS se halla al comienzo de su ministerio.
Acaba de regresar a su pueblo, Nazaret, y quiere
que la gente llegue a una importantísima conclusión:
él es el Mesías anunciado en las antiguas profecías.
¿Qué pruebas presenta para demostrarlo?
Sin duda, muchos esperan que haga algún milagro,
ya que se han enterado de otros milagros que ha hecho.
Pero él no les ofrece ninguna señal de ese tipo.
Más bien, acude como de costumbre a la sinagoga.
Allí se pone de pie para leer y recibe el libro de Isaías.
Es un rollo bastante largo y probablemente
lleva una vara en cada extremo.
Con cuidado, Jesús va desenrollando el manuscrito
hasta dar con el pasaje que busca —Isaías 61:1-3,
según la numeración actual—
y empieza a leerlo en voz alta (Lucas 4:16-19).
https://wol.jw.org/es/wol/h/r4/lp-s
Jesus no tenia que enseñar la ley a los Judios
Lo que Jesús enseño fue el nuevo pacto
que el valido con su sangre
La ley de Jehová sobre la santidad de la sangre era muy explícita.
El derramamiento de sangre humana
contaminaba la tierra en la que vivían
los hijos de Israel, en medio de la que residía Jehová,
y solo se podía expiar
por medio de la sangre del que la había derramado.
(Gé 9:5,*6; Nú 35:33,*34.)
Así, en el caso de un asesino,
cuando el vengador de la sangre le daba muerte “sin falta”
(Éx 21:23; Nú 35:21), quedaba vengada
la sangre de su víctima y se satisfacía la ley de alma por alma
Pero la ley que Jehova le dio solo a su pueblo judio
era ley misericordiosa.
¿qué pasaba con el homicida involuntario,
aquel que, por ejemplo, mataba a su hermano
cuando por accidente
se desprendía la cabeza del hacha
al cortar leña? (Dt 19:4,*5.)
Para tales desafortunados
Jehová amorosamente proveyó las ciudades de refugio,
seis en total,
donde el que derramaba sangre por accidente
podía hallar asilo y protección
del vengador de la sangre. (Nú 35:6-32; Jos 20:2-9.)
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)