Debido a la devoción incondicional de Jesús,
Jehová lo bendijo en su ministerio y lo recompensó
después de que entregó su vida en sacrificio.
El apóstol Pablo escribió:
“Al hallarse a manera de hombre,
[Jesús] se humilló y se hizo obediente hasta la muerte,
sí, muerte en un madero de tormento.
Por esta misma razón, también,
Dios lo ensalzó a un puesto superior
y bondadosamente le dio el nombre
que está por encima de todo otro nombre,
para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla
de los que están en el cielo y de los que están
sobre la tierra y de los que están
debajo del suelo,
y reconozca abiertamente
toda lengua que Jesucristo es Señor
para la gloria de Dios el Padre” (Filip. 2:8-11).
Jehová bendijo a Jesús “hasta tiempo indefinido”,
o para siempre, al resucitarlo y concederle la inmortalidad (Rom. 6:9).
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LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)